César Rito Salinas
Crece la dulce corrupción
John Ashebery, Pirografía
Me toca pasar la yema de los dedos
sobre aquella materia
–había algo de polvo, sudor y llanto de los huesos,
de palabras no usadas, de saliva vieja,
de paisajes vespertinos observados desde la ventana,
de suspiros.
Puedo citar de memoria la imagen de aquella tierra.
Antes del panteón Dolores abren enramadas
donde se escuchan gritos,
detonaciones, corridos sobre amores perdidos,
traiciones y derrotas.
Son las llamadas Refresquerías, ofrecen sillas y cerveza a bajo precio.
Los vecinos del cementerio salen por la tarde al patio
entre la nube de zancudos, comen mango verde con sal
-la fruta robada del predio de los muertos.
Por la noche aúlla el viento y aúlla el perro -si escuchas con atención
podrás enterarte del canto de las serpientes-.
De las ventanas salen luces, voces de la telenovela,
el ronco grito del noticiero.
De madrugada el aparato de sonido nos entera del nombre de los muertos
mientras los ancianos enyugan las bestias
que triscan la ropa colgada del tendedero.
Hay un loro que repite canciones de amor,
un ebrio grita que sabe mi nombre,
una mujer que alista su falda negra
para el velorio.
En la tierra del viento la gente mastica palabras
que nos defienden del aire
que escucha en mi pecho
el canto del corazón.
Esta es la tierra del viento,
El polvo acompaña a Viudas y huérfanos
La mañana del domingo cuando acuden
A pedir opinión a los husos para seleccionar el color
Con que han de pintar la casa.
En el camino del viento los árboles cargan hojas grises,



