Arquitecta Minerva Reyes Aguilar
El color es la primera lengua de Oaxaca. La ciudad se escribe en capas cromáticas que anteceden a cualquier palabra. En el Centro Histórico de Oaxaca, el color no es un accidente ni una decoración: es una forma de pensamiento.
Antes de que uno pueda nombrar una calle, un templo o un muro, ya ha sido nombrado por la luz que lo envuelve.
El color es un sistema de memoria, un archivo que respira. Caminar por el Centro es entrar en un libro que se reescribe cada día.
Los muros no están pintados, están vivos.
Y cada tono es una forma de decir “aquí seguimos”; aunque la ciudad se pinte de lujo, antes fue de cal.
Este es un breve recorrido por el centro de la ciudad, un registro de miradas que levantan resistencia frente a los nuevos usos del suelo; apuntes y lecturas de una viandante.
El ocre es la raíz que sostiene la ciudad
El ocre es el color más antiguo del Centro, no es un pigmento, es una temperatura.
La mezcla de tierra, cal y sol que ha acompañado a la ciudad desde sus primeros cimientos; el ocre es la respiración de los oficios, albañiles, cargadores, panaderas, curtidores, comerciantes que han dejado su sombra en los muros.
En Oaxaca, el ocre es un pacto con la tierra; es el color de la mañana cuando el mercado abre, el color del polvo que se levanta en las calles empedradas, el color de la piel que trabaja en el el campo y regresa a la ciudad para vender su cosecha.
El ocre no envejece, madura.
Nota 1. El uso de ocres y tierras locales en la arquitectura oaxaqueña está documentado desde el siglo XVII, especialmente en viviendas civiles y edificios conventuales. Véase: Manuel Toussaint, Arte Colonial en México, UNAM, 1948.
La cantera verde piensa
El verde cantera es el color que define la inteligencia mineral de Oaxaca. No logra ser un verde vegetal, es un verde que reflexiona.
La cantera verde es la filosofía de la ciudad, antes se le conocía a la localidad como “La verde Antequera”, su manera de decir que la piedra también puede contener agua, sombra, silencio.
Cuando la luz de la tarde cae sobre Catedral, la cantera se vuelve un espejo antiguo.
La ciudad se mira en él y se reconoce.
El verde cantera es visión, pensamiento detenido en piedra.
Nota 2. La cantera verde de Oaxaca proviene principalmente de vetas en la región de Etla y del cerro del Fortín. Su uso se intensificó en el siglo XVIII con la reconstrucción barroca de templos y edificios civiles. Véase: Ignacio Bernal, Historia de la Arquitectura Oaxaqueña, INAH, 1979.
El rojo es la respiración íntima del Centro
Al lado de las mujeres, la ciudad y sus colores suma grandeza.
El rojo oaxaqueño no es un rojo dulce ni decorativo.
Es un rojo terroso, casi ritual, que aparece en casas que se niegan a desaparecer.
Es el color de los patios donde crecen buganvilias como constelaciones domésticas, el color de las fachadas que han visto pasar generaciones de mujeres que sostienen la vida cotidiana de la ciudad.
El rojo es un latido.
Un recordatorio de que la ciudad también es suave, femenina, también resiste desde la ternura.
Nota 3. El uso de pigmentos rosados en fachadas domésticas se documenta en el siglo XIX, cuando la importación de tintes minerales y la producción local de cal teñida se volvieron accesibles para sectores medios urbanos. Véase: Elisa Ramírez Castañeda, Oaxaca: Arquitectura y Ciudad, FCE, 2003.
El añil abre la noche
El azul añil es el color que anuncia la llegada del silencio. Herencia de tintoreros y manos que conocen el secreto del agua, el añil no enfría, profundiza.
Es el color de las conversaciones que se quedan flotando después de cerrar las cantinas, de los pasos que regresan a casa por calles que parecen ríos detenidos. El añil es la sombra que acompaña, que no amenaza, sino que cuida.
Nota 4. Oaxaca fue uno de los principales centros de producción de añil en Nueva España, especialmente en la Mixteca y la Costa. Aunque su uso arquitectónico es más reciente, su presencia simbólica es profunda. Véase: Eric Van Young, La economía del añil en México, El Colegio de México, 1982.
La lluvia no borra, revela
El gris volcánico es el color de la lluvia cuando se aproxima desde el cerro del Fortín, San Felipe.
Ese gris es advertencia y promesa. Cuando llueve en Oaxaca, los colores no se apagan, se intensifican.
El ocre se vuelve barro, el rojo se vuelve sangre, el verde se vuelve jade, el azul se vuelve tinta.
La lluvia no limpia, despierta.
La ciudad se vuelve más nítida bajo el agua.
Nota 5. El gris volcánico es resultado de la mezcla entre cal, cenizas y polvo basáltico presente en la región. Su uso se asocia a restauraciones del siglo XX. Véase: INAH, Catálogo de Monumentos Históricos de Oaxaca, 1984.
La cal es el silencio que sostiene todos los colores
El blanco de cal es la memoria más profunda del Centro, no es pureza, es persistencia.
Es el color de los muros repintados una y otra vez, de las casas que han sobrevivido temblores, guerras, procesiones, fiestas, turistas, poetas, vendedores, músicos, peregrinos, arquitectas.
La cal es el silencio que permite que los otros colores hablen; es la respiración pausada de la ciudad, nuestra vocación comunitaria que nos llegó desde el mundo prehispánico.
Nota 6. La cal ha sido el material base de la arquitectura mesoamericana y virreinal. Su uso continuo en Oaxaca se documenta desde el siglo XVI. Véase: Carlos Chanfón Olmos, La cal en la arquitectura tradicional mexicana, UNAM, 1995.
Oaxaca no se mira, se lee
La paleta cromática del Centro Histórico no es un catálogo, es una ética comunal. Cada color es un pacto entre la ciudad y quienes la habitan. Los muros no se pintan para cubrir, sino para decir que la luz es un lenguaje, que la piedra tiene memoria, que el tiempo no avanza, se superpone.
Por eso, cuando uno camina por el Centro, siente que la ciudad se pinta a sí misma, a cada instante, en tiempo real.
Cada fachada es un verso, cada sombra es una respiración; el color es un modo de narrar lo que no cabe en las palabras.
Bibliografía mínima consultada
Bernal, Ignacio. Historia de la Arquitectura Oaxaqueña. INAH, 1979.
Chanfón Olmos, Carlos. La cal en la arquitectura tradicional mexicana. UNAM, 1995.
INAH. Catálogo de Monumentos Históricos de Oaxaca. 1984.
Ramírez Castañeda, Elisa. Oaxaca: Arquitectura y Ciudad. FCE, 2003.
Toussaint, Manuel. Arte Colonial en México. UNAM, 1948.
Van Young, Eric. La economía del añil en México. El Colegio de México, 1982.



