sábado, julio 18, 2026

Junio de aguaceros y las mujeres (Binnizá)

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Arquitecta Minerva Reyes Aguilar

Llueve sobre mojado.
Se hunde la tierra.
Hay mujeres que, aun sin mapas conocen todos los caminos porque han tenido que recorrer una y otra vez los mismos obstáculos.
Y sin embargo ahí están.
En Oaxaca la geografía, el cielo, no es un paisaje, es una sentencia.
La mujer oaxaqueña es uno de esos territorios escarpados, fértil, golpeado por la intemperie y, aun así, permanece obstinada y viva.
Sostienen la casa, como si fuera un barco que no puede hundirse.
Sostienen la economía informal —esa que no se nombra, pero alimenta—, sostienen a los hijos que crecen mientras ellas aprenden a multiplicar lo poco.
Más del 75% de las mujeres ocupadas lo hacen sin seguridad social, en trabajos invisibles, frágiles, sin red.
Y así insisten en ser, en estar.
Hacen cuentas en la madrugada, cuando todos duermen y la casa por fin deja de exigir. Hacen cuentas con el dinero que no alcanza, con la comida que debe rendir, con los sueños que deben esperar.
Llueve en junio, crece grande el pesimismo
Porque en Oaxaca, todavía hoy, ser mujer implica negociar con la escasez, de tiempo, de oportunidades, de reconocimiento.
Más de la mitad de las mujeres vive en condiciones de pobreza laboral. Pero las estadísticas no dicen cómo duele sobrellevar esta existencia.
No dicen lo que significa ver a un hijo crecer rápido, demasiado rápido, porque la infancia también se encoge cuando falta el dinero.
No explican lo que pesa esa doble o triple jornada, en la que el trabajo remunerado apenas empieza cuando termina el doméstico.
Porque también se suma el miedo.
La violencia no siempre grita; a veces, se instala sutil en los márgenes de la vida cotidiana. Atraviesa decisiones, limita movimientos, condiciona silencios.
Y aun así, las mujeres oaxaqueñas avanzan.
Avanzan pese a todo.
Pero hay algo más profundo que la resistencia, la convicción.
La convicción de que la vida puede ser otra cosa, de que sus hijas no heredarán la misma intemperie, de que el conocimiento que ellas no alcanzaron alguien más en su casa lo alcanzará.
Esa esperanza no es ingenua, levanta un acto político, bien saben que quizá la lluvia tarde, pero llegará.
Podría decirse que su historia es la de la resistencia.
Pero será insuficiente.
Es, más bien, la historia de una obstinación, la de seguir incluso cuando todo indica que no se puede.
La de decidirse a amar, incluso cuando duela. La de criar cuando no hay certezas. La de intentar, cuando el fracaso parece más cercano que el logro.
La lluvia con su terquedad inspira.
Llueve, la tierra se hunde.
Puedo afirmar que tal vez el futuro no llegue como una ruptura, sino como la suma lenta de pequeñas rebeldías.
Junio.
Tarde con lluvia sobre Oaxaca.
Cae el cielo en esta temporada de aguacero.

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