César Rito Salinas
A temprana hora recibo Watts de Meli, me comunica que se han vendido tres boletos de “La Rifa”.
Jueves por la mañana, en la lectura de Jaques Ranciere hay un término que utiliza en las primeras páginas del libro, “La palabra muda ensayo sobre las contradicciones de la literatura (Eterna Cadencia, 2009), “relatividad” de las artes.
La “relatividad” de las prácticas artísticas es de hecho la historicidad de las artes. Me detengo, antes de entrar al berenjenal que me plantea tal aseveración me ocupo de los deberes por la mañana, limpio el arenero de Catalina, levanto la ropa, preparo el desayuno para la gata.
¿Qué hace aquello que llamamos “literatura?
Qué hace posible que se mantenga el “sistema”.
Las vanguardias. El constante ataque al sistema, la elaboración permanente de un contradiscurso que logra fijar nuestra atención en lo que se conoce como “literatura”.
Si sostenemos el “canon”, si escribimos como lo hicieron los autores del siglo XVIII, poco o nada tendríamos que hacer con esa actividad en este presente de vertiginosas imágenes.
Y este es el tema, el constante ataque.
Porque la cosa que se sostiene -la “literatura”- resiste el paso del tiempo y las modas, los prejuicios: a que cada lector defiende con sun vida lo que él entiende por “literatura”.
En otras palabras, es el constante “debate” aquello que logra la vigencia.
Y algo más.
La “literatura forma “tradiciones -un grupo de amigos se reúne para discutir la lectura de determinado autor, para intercambiar “impresiones”, “interpretaciones”.
Y ese grupo coincide y sale a la calle a “debatir”, entrar en guerra, con los que piensan en sentido contrario.
De donde encuentro que es en el hecho del “periodismo” -la difusión libre de las ideas- donde se sostiene la “literatura”.
Porque aquello que conocemos y defendemos como “literatura” es la percepción de la “verdad” que nos comparten los amigos, el grupo de amigos, la afiliación.
Y el trabajo de difusión que inicia al interior del grupo de amigos se expande, crece en territorio. Y la coincidencia difundida se hace “movimiento”, pensamiento de la “época”.
Y ese “pensamiento” epocal se trasforma en signo -símbolo que propone la síntesis, la expresión de una conducta.
Y eso, a su vez, forma la historicidad.
Que le da carácter de “verdadero” a la coincidencia, el “debate” dirimido.
Una de las formas retóricas de mayor uso -desde el buen Homero- es la enumeración y el resumen, la síntesis.
Cada historia es un relato abreviado, lleno de marcas, indicaciones de sentido -contrasentidos. Y en la interpretación de esos símbolos encontramos el espacio para integrarnos, depositar nuestra opinión.
El ser humano está poblado de pasiones.
Las pasiones nos hacen la vida y nos conducen -en una gran mayoría de veces- a la muerte.
Damos la vida por lo que creemos.
La familia, la religión la patria.
Morimos por supuestos.
Y ese es el espacio -el sitio de nuestras creencias- donde se instala la “literatura”.
Si el cerebro trabaja por reducción simple, seguimos la imagen vista o imaginada, hacemos la vida en pasado.
Algo que ya fue nos guía.
Y para soportar la división temporal elaboramos puentes, supuestos, creencias. Aquello que resiste el tiempo.
Y desde ahí, desde aquello que vimos en la infancia o nos enseñaron nuestros padres, sostenemos que tal autor o tal obra escrita son “literatura”.
La preparatoria, la universidad son el tiempo feliz de nuestro pasado. No existían compromisos, obligaciones, no aparecían aún la enfermedad y la muerte. Y los recuerdos que guardamos de ese tiempo, incluidas nuestras lecturas, aquellos autores, forman nuestro panteón personal que conocemos como “literatura”.
Y pobre de aquel que ataque ese espacio, verá su suerte.
Porque nadie se mete con lo más querido de nosotros, lo más sagrado.
Y aquel recuerdo que tenemos de la juventud es lo más amado.
Y de esta forma se gesta, en el arduo debate, aquello que conocemos como “literatura”.
Anuncio parroquial. Meli mi propone en su comunicación que invite a los lectores a comprar un boleto para la rifa que celebraremos el 15 de septiembre, ganador con los dos últimos números de la lotería nacional, Premio mayor –rifamos la pieza “No todo el que vaga está perdido” (linóleo, 39X41 cm, papel CansonEdition) de Zaira Luis (Ejutla de Crespo, Oax., 1997). La “Rifa” consta de 50 números. Costo del boleto: 100.00, interesados favor de comunicarse con los organizadores al 556172-9658. Gracias.



