lunes, junio 8, 2026

Hacia una teoría del suspenso

Debes leer

César Rito Salinas
Lunes, regreso al trabajo. ¿Pero cómo se vuelve al trabajo de la escritura?
Hemingway recomendaba amarrar las líneas siguientes en el trabajo del día, la jornada que viene la dejaba en adelanto, de esta manera continuar la escritura de una novela o un libro de cuentos le resultaría propicio a partir de la economía de tiempos.
Se pasan muchas horas frente a la hoja en blanco.
Quien lo padece llega a sentir que solo pierde tiempo en esa terquedad.
Y es cierto.
Este lunes quiero volver a la naturaleza del lenguaje escrito, que no proviene de una idea, de alguna inspiración, de algo inasible, no.
Se obtiene de trabajar con un volumen de palabras, de algo ya escrito -sea propio o ajeno. Tampoco se requiere de una atmósfera especial o de quien escribe porte ropa singular, elaborada con determinada tela.
No se trata de climatizar el espacio.
Ni de participar en el desfile de mondas fodongo.
El que escribe lo hace donde llega la emergencia, durante sus vacaciones, en un café, en una cantina. En la oficina donde transcurren las horas lentas, cargadas de agonía.
Los novelistas -principalmente- hacen difusión del espacio donde trabajan. Tenemos en la memoria el atelier.
Así surge en el imaginario colectivo la torre de Babel, el espacio de silencio donde brota la creación, los personajes.
Esas son payasadas.
Se puede escribir en medio de un tumulto, mientras se soluciona una nota del periódico, mientras se practica el sexo o se bebe en la cantina con los amigos.

La escritura no requiere de tardes lluviosa con olor a café y tabaco.
Se supone que quien se sienta a escribir tiene ya necesidad de hacerlo desde el mismo momento de su nacimiento.
Ahora bien, quien ya escribe -una novela tendrá que despegarse de su labor y hacer el trabajo que le aporta sustento, las cuentas tienen que pagarse y nada hay que te libre de esa condición de pago.
¿Cómo regresar al proyecto?
El cerebro se evade, tiene una gran velocidad para elaborar sus productos (mirar durante horas la pantalla en blanco es un producto, llenar esa pantalla con historias es otro producto).
Y no espera.
El cerebro es más rápido que la mano, que los ojos.
¿Cómo hacerlo llevar el tiempo de la escritura?
Encuentro que hay un paso antes del escribir, la lectura.
La escritura propia vendrá de un diálogo -una confrontación-. entre lo ya escrito y publicado y lo que está por nacer.
Este detalle, la lectura, nos lleva a puerto seguro.
A terminar la escritura ya iniciada (el recurso también sirve para la edición de los textos propios).
Leer hace el sentido (lo descubre).
Hasta hace unos años sostenía que no hay escritor sin libreta de apuntes.
Sin cuaderno donde registra paso por paso de su labor (me gustaba salir a escoger la libreta).
Hay escritores que llevan el Diario de la novela.
Los modernos llevan sus apuntes en el dispositivo, y van a ellos cada que lo requieren.
Pero no es necesario.
Manías sin efectividad.
Entiendo el trabajo del cerebro al momento de escribir un proyecto de largo aliento como una emoción.
La emoción que le llega desde una imagen.
El cerebro se emociona, activa dendritas, neurotransmisores que conectan sistemas con la emoción.
El sistema eléctrico.
Sin la emoción no hay escritura.
Habrá que recordar cómo fue el inicio de nuestras letras, con la emoción surgida al leer un libro; fue tanta, que quisimos imitar esa escritura.
Pero ¿qué emociona al cerebro?
La problematizar la lectura (así nació la crítica de las artes, al problematizar el proceso de la pintura, describir y ubicar cada paso, periodo a periodo, los temas).
El cerebro trabaja por imágenes, por la reproducción simple de las imágenes ya registradas.
En esas imágenes ya vistas está la emoción, en el proceso de una continuación (problematización) logramos emocionar al cerebro.
Que conecte neuro receptores que en la vida cotidiana están bloqueados, en vida latente, dormidos.
Fueron decenas y decenas de comienzos de novela que murieron de inanición.
Porque en el proceso que lleva a la confirmación del ego de quien escribe se siente suficiente, va solo.
Y se queda solo.
Sin recursos.
Sin la emoción que alimente su cerebro.
Y se aburre, renuncia y vuelve a comenzar otro proyecto.
La escritura es como la pintura, establece ecuaciones del lenguaje con las que aborda problemas de la narración que otros autores dejaron planteadas y sin solución.
El verdadero problema está en encontrar al autor que nos emocione con su planteamiento de los problemas narrativos.
El cerebro es la bestia indomable, diseñado por la naturaleza para elaborar problemas y soluciones.
Uno solo puede llevarlo a pastar por los campos que más le placen.
Y esperar sus productos.
Con paciencia y disciplina.

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