César Rito Salinas
__ Che, ¿no lo conocés a Silvio?
Roberto Artl, El Juguete rabioso
Yourself. Para escribir mi dirección debo ocupar el diccionario de la pochería que no quiero ocupar, el hablar champurrado que me lastima como si el hambre y la desesperación no fueran razón suficiente para enloquecer y aporrear la máquina de las palabras, el trasto. A la manera de Sertón veredas, de Guimaraes Rosa.
Preste oído como si alguien le pidiera sus generales en una lengua no suya, aprendida con desprecios a base de asombros, las referencias de tú mismo dichas en otra lenga. Mire usted, la dirección el rostro el lugar de la casa donde se abre la ventana desde la zotehuela, aire limpio el cuartito del perro como si fuera tu alma, la foto de tú mismo. Retorno Ciclón. Valle de Ecatepec, más allá del Río de los Remedios.
La unidad habitacional del Infonavit junto al mercadito chaparro enano que mira con hambre a los perros tilicos, a las mujeres en leggings a los hombres con lengua de fuera los ojos de toro loco, puros nadie. Nadie sabe si por locura o por hambre miran bizco, bizcornetas que velan armas caguama en mano bajo el árbol manso de ficus, cagadero de pájaros siniestros, laurel de utilería mezquina y tacaña que crece como la gente, a lo puro pendejo.
¿Qué crían van a dar? La misma gente que bebe en la cama y busca su locura o la satisfacción de su mal humor su bilis su sueño sin sueño y con habla, que dice que busca que suspira por otro borracho su compañero, perro muerto. Que venga la musiquita de Chente que salga el corrido tumbado y que saque su silla y se siente a medio retorno cruzado de piernas de brazos en actitud negativa (aprendí en el pueblo a leer el lenguaje del cuerpo, a ocupar con la mirada el espacio escénico donde se representa la vida misma que no es la vida sino otra cosa, lo célebre y magno que se representa a los ojos de todos, descarada).
Que venga digo y que hable, que ponga palabras a las cosas y diga su verdad mientras el vuelo de la tarde corre entre el ulular de las patrullas, el motorcito de a caballo de fuerza de la pipa repartidora de agua que atiende a las torres del famoso Retorno ciclón, el sitio de mi casa, my address.
¿Dónde pongo pues los tiros las luces rojas y azules de las patrullas? Si en este curso de lengua gringa para principiantes no hay margen para poner la pestilencia del Río de los Remedios, el muladar de los cadáveres.
Yourself, dónde pongo el miedo el sueño mi hambre que va untada a mi espinazo, el hueco de la panza que se llena de odio y rencor, de ganas de estar lejos, migrar.
Lejos del molinero oaxaco, de la pisana y su mole rancio de gargajos, de la poli sin seguridad; de la mirada con mil lenguas que me clica desde el tercer nivel de de la torre que se levanta frente a mi ventana, pedacito de cielo. Pocho sin pocho, lengua de los desesperados de Ecateponk.
_ ¿Dónde vive, maestro? _ En Ecatepec.
__ ¿Y por qué tan lejos?
Porque aquí está digo la lengua literaria, las palabras cargadas de alusiones y evasivas, las que nombran sin nombre, las voces con la que hablamos todos. La pura pendejada (las palabras que nombran tú y yo y la gente).
Yourself. ¿A pocos e sienten muy chingones? Bájenle tres rayitas.
Venga pues, narro lo oculto (elido). Tarde de balazos. La patrulla se puso bajo el ficus, montó la ley el espacio performático. La representación. Enfrente estaban los colombianos, los prietos bandidos, colombians, los men zurdo ojón de maldad, culeritos de nacimiento, los no nacidos (los puro sin tierra, desalmados).
Y sonó en la madrola el Boogaloo.
…y estaban rolando la chingadera (el secreto no dicho puesto a los ojos de todos), puro cuento era el grupito de borrachos con la caguama, cuento fatal. Lo pude ver clarito desde mi ventana, como si escuchara la narración de un partido de fut por la telera: el cuatro se la pasa al diez, el diez al once, el once al nueve que saca un trallazo. Y fueron uno y fueron mil, los tiras se quedaron embarrados a su uniformes sus armas los suspiros sus teléfonos su mierda su camioneta su mirada, con los ojitos abiertos que miraban la copa del ficus lleno de pájaros sin canto, sin trinos en la tarde oscura que anticipa viento y dolor, hambre de canto y de paz y de velorio con rezadora.
_ Si acá Boby Matos queda pendejo, míster. Dije esto lo cuento porque lo cuento y que me instalo en la mesita junto al trinchador y que le doy duro y dale at the moment a las palabras como lustrar botas nuevas de estreno porque eso será lo rico del lenguaje escrito, las letritas: nombran sin nombrar (sin tiempo), dejar sobre el espacio en blanco el puro chisme la intriga, lo cierto incierto, el aire de misterio que quema y ocupa la verdad como si en la vida real se dijera sin decir, dice que dice (escribo que escribo, don Salvador Elizondo). Y así me puse a golpear la máquina aferrado como escolapio que alegre que llega a casa y se entrega todo todito a su homework to do at home. Tam-tam-tam, fin finito final. _ Pica ladrón, andaaaa.



