César Rito Salinas
__Quiero denunciar un crimen que va a pasar -le susurró.
__ ¿Tienes documento de identidad?
Chuck Palahniuk, El día del ajuste
Tenemos que hablar, una y otra vez, para que el mundo se entere que existen problemas. Arden los cirios, en el barrio hay dos velorios. En un extremo de la calle Juárez una madre llora a su hijo narco; en el otro, la viuda vela al marido -marino militar-, muerto en acción de combate contra el narco, le dije a Bernstein que primero iríamos a dar el pésame con la madre, mostrar compañía en su dolor; por la madrugada llegaremos a dar el pésame con la viuda.
En la calle los niños juegan pelota mientras el olor del copal se esparce entre los árboles, vuela ente los dos velorios. La nubecilla olorosa trepa alto, su aroma ocupa la calle, la ciudad entera que se extiende bajo el cielo claro.
Mañana, a la misma hora, serán los dos entierros. La historia de las familias que atraviesan las puertas del panteón con ojos de pistola volverá a repetirse; los dos finados me dejan preguntas, ¿cuándo comienzan los nueve días del muerto? ¿Cuándo muere la gente o cuando la entierran?
Las cosas pasan así nomás, sin tantas explicaciones. Hay días en que con los tiempos violentos se repite el epigrama griego, valdría más no haber nacido. Anteoche en el baile los dos finados enamoraron a la misma mujer de ojos grandes, melena negrísima; los dos bebieron, muy amigos; las estrellas del cielo los contemplaron orinar largo en la esquina. Esta noche tenemos velorio; dice Bernstein que debemos hablar para poder acostumbrarnos a las preguntas, que los problemas piden palabras.



