lunes, junio 8, 2026

El vendedor de poemas

Debes leer

César Rito Salinas
Me gano la vida con la escritura, yo escribo poemas para que otros hombres enamoren a una mujer, 10 dólares el poema. A veces pienso que es un precio justo para alguien que tiene problemas para comunicar con palabras sus emociones. De mi lado, encuentro que no es un mal precio para un hombre que hace su poesía perseguido por el recuerdo de los cabellos de una adolescente que camina en la calle con blusa azul de tirantes, la espalda cargada de sol.
La mujer le dijo al hombre no me gusta que te orines en el baño.
Era la tarde. Los dos entraron juntos a bañarse, la ciudad estaba acosada por el calor y la falta de agua.
En la calle se escuchaba el ronroneo constante de los camiones de abasto que bombeaban agua noche a las sedientas cisternas.
No había agua.
Era el final.
Esta carencia alteró la vida.
La mujer le dijo al hombre: no me gusta que te organicen el baño.
Encuentro qué la vida se funda en pequeños detalles. La memoria opera sobre asuntos intrascendentes. Y desde eso mínimo crecen los enormes resentimientos.
Ella dijo. ya en la noche, en la cama antes de dormir, ¿por qué me amas? Él no supo contestar, a veces no tenía palabras para decir sus sentimientos.
Así entraron al sueño. Sin tener palabras para ellos.
A la mañana siguiente despertaron con las palabras gastadas por las emociones no dichas. Se dieron los Buenos días.
Buenos días. Buenos días.
Así como cuando se lee en la página: Buenos días. Sin emoción, sin sentimientos, sin alegría.
Sin signos que hagamos que amemos las palabras, sin rasgos que se queden en la memoria Buenos días.
Hasta la tarde en que juntos dijeron no.
Y los entraron a la al baño con desconfianza del otro.
La memoria aleja a las parejas, se olvidan las palabras gentiles. Se olvida el tono que se requiere para decir palabras que se queden en la memoria, emocionadas.
Solo repiten 80. 100 palabras al día.
Buenos días, que rica estuvo la comida. Hasta mañana.
Bien pensado, no se requieren más de 10 palabras para habitar un espacio, una casa con tu pareja.
A veces no se necesita ni una, con la mudez basta y sobra.
Hola, regreso pronto.
Bien pensado sólo se requieren poner cara de perro, decir no a los actos cotidianos: no hay agua, se acabó el jabón de los trastes, te toca lavar la ropa, ayúdame con los trastes. No. Tengo ganas de hacer comida.
Crece la mudez en medio de las personas que en un tiempo se dieron amor con palabras dulces.
En esos momentos se requiere un especialista que venga y nos ayude.
Y arregle lo descompuesto como el fontanero, como el señora que nos ayuda con los remiendos de la ropa
Que llega y despreocupadamente corrige el desperfecto en el cerrojo de la ventana.
Cosas mínimas. Quizá intrascendentes. Cosas diminutas que se levantan frente a nosotros como un punzón, a medianoche.
Antes del sueño. Y caen sobre ti.

  • No me gusta que orines bajo la regadera -dijo la mujer.
    En verdad dada sabemos de los oficios diversos.
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