César Rito Salinas
La ciudad es tuya, te nombra en su tránsito del mediodía, en el aguacero impertinente, en sus hojas humedecidas.
¿Será bueno esto de agarrarme al aguacero para retenerte?
Quisiera saberlo.
Un día de la semana. Miércoles como lunes en el principio de semana con aguaceros y distancias que habrá que recorrer en el regreso.
Estoy de vuelta. La gente del mar siempre está de vuelta.
En el corazón, en el extravío de los días nunca sé cuándo es jueves en los afectos.
La cresta de la ola trae un viento que cruza y levanta flecos y faldas, la arena. En la mujer la mano izquierda es la que gobierna, la que manda a los hombres a la guerra.
El mar azul, todo metido en el corazón. (Si habrá de ser cierto, todo cabe si se sabe acomodar.) Miércoles como lunes, inicio de semana.
La voluntad cristiana de ser útil, a los otros, a uno mismo, le estalla con el fin de semana largo que manda el gobierno. Miércoles como lunes de silencio, mitad de semana con aguacero y silencios.
2
Alguien grita tu nombre entre los cerros que cuelgan sobre las azoteas. Tu nombre participa en el programa de radio que escucha atento el conductor del camión.
La narración responde por tu nombre, Labios de tequila.
En la hora del aguacero la narración lleva tus siglas. Mambo. los hombres deben hacer la guerra para conseguir un puesto de pollos rostizados en la esquina, hacer comercio los fines de semana, saludar a las clientas por su nombre (señito), vivir manso junto al humo de la leña los mantendrá firmes, la resolana es sabia para reconciliarse con el pasado; el puesto ambulante es el mejor sitio para prolongar la vida, calentar la palma de las manos sobre el rojo y el amarillo, fortifica los huesos desmemoriados, recibir en la noche todo el cansancio en la planta de los pies; prolonga la vida y agradece la mano que llega a socorrerte con el pocillo del café; prepara tu alma para su progreso, debería el hombre hacer la guerra por estas causas que alimentan la muerte tranquila.
Yo habito el insano juicio, tengo la mala cabeza decía mi madre, me niego a todo esto, soy conflicto sin reconciliación, pena en brama: mambo que vuela mambo. Los hombres deben hacer la guerra para conseguir un puesto de pollos rostizados en la esquina, hacer comercio los fines de semana, saludar a las clientas por su nombre (bonita), vivir manso junto al humo de la leña que arde mientras el humo se eleva lleno de convencimiento y alegrías.



