¿Cuándo se jodió Juchitán, para llegar hoy a su baño de sangre?
Cuauhtémoc Blas
Parece que estaban esperando que muriera Manuel Musalem Santiago (Tarú), para ofrendarle misas y homenajes. Lustros, décadas y medio siglo tuvieron para homenajear de mejor manera al personaje: En vida, hermano, en vida.
La familia Musalem llegó a Juchitán procedente de Líbano, de Medio Oriente, al otro lado del mundo. Este apellido, ahora tan familiar, tiene origen árabe y deriva de la palabra Musalam o Muslim, que significa «intacto», «perfecto», «seguro» o «aquel que se somete a la voluntad de Dios». También según la lA, tiene raíz musulmana y remite a lo impecable o aceptado.
LEGADO IRREPETIBLE DE DOS MUSALEM
La irrupción en 1906 de los Musalem en la historia de Juchitán, Oaxaca, es capital. Uno de ellos, Salvador Musalem, realizó la hazaña productiva de crear la primera y única casi gran industria juchiteca que comercializó sus productos con materia prima de la región del Istmo de Tehuantepec en el ámbito nacional y con exportaciones al extranjero. Ninguna otra industria privada de esa índole ha vuelto a surgir ahí.
Otro de los Musalem protagonizó el más importante movimiento cívico político juchiteco, que logró instaurar un gobierno democráticamente electo, de 1972 a 1974. Desde la oposición lograron remontar al invencible PRI de aquellos tiempos. Sobre todo, sin “ser auspiciados” desde altos ámbitos del poder político priista de México. La controvertida COCEI surgió en 1973.
LOS MUSALEM, DE LÍBANO A JUCHITÁN
Miguel Musalem, que nació en Líbano y vivió en Suiza, llegó a Juchitán en 1906 a la edad de 33 años, y ahí se quedó a vivir. Fue el primero de esa familia en llegar a tal población del Istmo de Tehuantepec. Arribó con un circo.
Con los años logró inaugurar su tienda de telas “La Suiza”, en lo que se dio en llamar Portal de la Industria. Aunque no hubo actividad industrial propiamente dicha en Juchitán, excepto la Casa Musalem. Lo predominante ha sido siempre el comercio.
Miguel Musalem tuvo un hermano que se casó con una mujer de nombre Sofía, en San Pedro Pochutla. Ella tenía 16 años y enviudó a los 24. Al quedar viuda con tres hijos salió rumbo a Juchitán a buscar a su cuñado. Así llegó a esta población Salvador Musalem y sus hermanos Abraham y María Luisa. Los tres dominaron el árabe, el español y el zapoteco.
A la postre, los hermanos y su madre heredaron La Suiza, dedicándose de lleno al comercio. De aquí surgiría la Casa Musalem, famosa industria de la transformación de la palma camedor. Salvador construyó esta que fue la más importante empresa juchiteca.
CASA MUSALEM EXPORTADORA
La iniciativa empresarial partió de una solicitud de palma tejida que le hizo al árabe-juchiteco una firma poblana. La primera carga fue para esta empresa, pero la rechazó pues no se ajustaban a las medidas que requería. Salvador, preocupado, envió muestras a otras empresas de Tehuacán. Varias de ellas, satisfechas con el producto, le pidieron que les enviara toda la producción que tuviera. De esa manera puso a tejer palma a medio Juchitán y a otras partes del Istmo.
Así fue como la palma istmeña entró a los mercados de Puebla, al del entonces Distrito Federal y otras partes del centro del país. Vagones del ferrocarril repletos de palma salían de la estación de Juchitán.
De esta etapa comercial en grande, don Salvador pasó a la etapa industrial. Adquirió maquinaria para transformar la materia prima. Sombreros de palma y otros productos derivados de la misma dieron mayor auge a la Casa Musalem.
Con ese mercado abierto, ampliaron su giro para exportar también hamacas, huaraches, candeleros de hoja de lata y joyería. Todo producido en el Istmo. Por los años cuarenta del siglo pasado, los Musalem estuvieron en posibilidades de comprar, para instalar su empresa, una casa grande con enorme solar de media manzana a unos metros del palacio municipal.
“LA PALMA ME DIO EL DINERO Y LAS TEHUANAS ME LO QUITARON”
Otro de los Musalem, Carlos, quien fue pintor y diseñador, elaboró la imagen de la empresa con la figura de una istmeña y su resplandor, un jicapextle, una palmera y el sol de fondo. Para el artista, la imagen resumía a esa tierra tropical: palmeras, sol y mujeres. Para Salvador Musalem, simplemente ilustraba su experiencia: “La palma me dio el dinero y las tehuanas me lo quitaron”. Suena a epitafio. Salvador murió en 1933.
Murad Musalem, escritor, cuyo nombre completo es Murad Armando Musalem Merhy, juchiteco descendiente de quienes hablamos, nos compartió estos testimonios. Él fue hijo de Salvador Musalem y primo de Tarú.
De la hermana de Murad, María Guadalupe, investigadora social, queda con su nombre una fundación que apoya con becas a mujeres estudiantes. Ambos hermanos murieron relativamente jóvenes.
En algunas charlas con el señor Tarú, a través del chat, nos dijo que hay más historias de los Musalem por contar. Familia que atravesó el océano para quedarse en México, buena parte de ella en Juchitán, en el Distrito Federal y otras partes. Una de esas historias pendientes es la suya como personaje muy destacado de su comunidad. Pero historia con las epistemes de la ciencia.
FALTAN ANÁLISIS DEL FENÓMENO TARÚ
Faltan análisis serios del fenómeno Tarú. Se conocen solamente los detalles —sin duda muy importantes— de su incursión en la política municipal, el sonado éxito de su candidatura arrasadora, su irrepetible carisma que le ganó el cariño de la mayoría de su gente. Tanto que fue llamado “Tarú, bola de oro”.
Ese tipo de carisma (cualidad atrayente innata de la personalidad), que uno puede ver muy pocas veces, no se repitió en Juchitán. Otro personaje de similar calidad, también histórico, que pudimos ver fue Demetrio Vallejo Martínez, legendario líder nacional ferrocarrilero, oriundo de El Espinal, Istmo de Tehuantepec. El arrastre de estos fenómenos, que movían a espontánea euforia, era impresionante.
UN CARISMÁTICO EN CAMPAÑA
En esos primeros años 70 del siglo pasado, a pesar de obstáculos políticos y la misma negativa de Tarú, la población lo impuso como candidato. Su campaña fue una fiesta. Sabía eso de anunciar desde el aire; conocedor de la historia de la aviación, graduado como subteniente piloto aviador militar. Sorprendió con sus miles y miles de volantes cayendo sobre la cabecera municipal y sus agencias, desde un viejo Cessna fumigador.
Los niños cachaban la propaganda y la llevaban a sus casas. De los callejones veíamos salir a multitudes de personas a vitorearlo. El triunfo en las urnas era inminente. En aquél tiempo de la brega de eternidades, cuando la oposición parecía destinada siempre al fracaso, Tarú y su grupo, apoyados por la población, hizo la hazaña de derrotar al poderoso PRI antes que nadie ahí.
Además de la agrupación que creó el líder con su sobrenombre de TARÚ (Tecos Activos Revolucionarios Unidos), tuvo el apoyo de organizaciones locales: Héroes 5 de Septiembre y el grupo Renovador, además de La Asociación Ganadera Local y Bienes Comunales. Con ellos se formó el Frente Único Democrático Juchiteco. Apoyó con el registro el partido satélite del PRI, Partido Popular Socialista (PPS). Un partido algo similar a lo que hoy es el PT o el Verde.
FRAUDE Y EMBESTIDA
Sin embargo, el triunfo no fue reconocido. El gobierno —que entonces tenía como parte suya la administración de lo electoral—, forzó la creación de una Junta de Administración Civil Municipal. Al frente de esta aceptaron a Tarú, pero la estratagema era incluir a gobiernistas en la composición de esa autoridad.
No había dinero para pagar al cabildo, Tarú, López China y Vicente Fuentes no cobraron por su trabajo, otros apenas la mitad.
El acoso a este gobierno municipal fue persistente, incluso las provocaciones a su presidente. Como cuando lo agredió un enviado con un machete. Eventos que planteaban un contexto de violencia de mayor intensidad. Interesante y larga es esta tortuosa historia, donde Tarú pudo derrotar al PRI pero no a sus emisarios.
EL ACOSO DE LA COCEI
Fue fustigado por estudiantes de la flamante Cocei, encabezados por Héctor Sánchez López, Polo de Gyves de la Cruz y Daniel López Nelio. De ellos, Tarú declaró con claridad en una buena entrevista con el periodista Juchiteco, José Luis López: “Venían auspiciados”.
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En otra entrevista Tarú dijo que tuvo una reunión con los auspiciados en su despacho edilicio. El entonces presidente se negó a entregarles la administración del baile y los dineros que producía todos los domingos en el Parque Revolución, y que exigía el grupo de presión en ciernes. De ahí se obtenían recursos para obras municipales.
El ayuntamiento no tenía dinero como ahora con los fuertes subsidios federales que iniciaron con el programa Solidaridad de Salinas de Gortari, amigo de Héctor Sánchez.
Tarú presidente, entre esas rispideces, le informó a uno de ellos, a Nelio, que por su rumbo de la Séptima Sección su gobierno ya había introducido el agua entubada, ¿Por qué no las usas y te bañas?, le preguntó. Había también en todo esto más que lucha, diferencias de clase. (O envidia de clase, felizmente superada después por estos opositores al enriquecerse).
Otro testimonio que brinda la primera entrevista, es cuando se realiza en Juchitán una asamblea de Bienes Comunales. Policías uniformados impiden el acceso de los comuneros legítimos, ingresando solo quienes deciden Héctor, Polo (hijo) y López Nelio. Fue entonces, sostiene Tarú, cuando Leopoldo de Gyves Pineda, padre del hoy insólito huachicolero embajador en Venezuela, colocó una manta frente a su casa con la siguiente leyenda:
“No cabe duda, los muchachitos de la coalición son unas mierdas que mandó el gobierno para acabar con el frente democrático, y lo lograron”. Otro testimonio categórico.
EL “HERMANO” HELADIO, ATRÁS
Podríamos resumir, derivando de la narrativa de Tarú, que su ayuntamiento no sólo recibió el hostigamiento del PRI sino también de la naciente COCEI, que al final fue lo mismo, pues los segundos venían “auspiciados”, es decir, enviados, subsidiados por las huestes echeverristas del PRI nacional.
Heladio Ramírez López iniciaba cuesta arriba su camino hacia el gobierno de Oaxaca. El maquiavélico indígena mixteca, enfrentó y derrotó al poderoso Grupo Oaxaca de la vallistocracia, dueño del poder estatal. Grupos como la COCEI, MULT, UGOCP, prohijados por el mismo Heladio le sirvieron para ese objetivo.
Cada vez hay más evidencias del padrinazgo y ligazón de los líderes de la COCEI con el PRI-gobierno de entonces. Hay testimonios e historias. Por aquellos años sonó mucho un viaje en avión de Héctor Sánchez con el presidente Luis Echeverría. Este asesino del 68 aplicó siempre esa máxima: “Si vas a tener oposición, créala tú”.
CUÁNDO SE JODIÓ JUCHITÁN
EL SECTOR PRIVADO, que debe ser la base del crecimiento económico de cualquier región, no ha cumplido ese papel histórico. Nos atrasa la escasez de empresarios en el ámbito nacional, así como el capitalismo de compadres impulsado por los gobiernos, que inhibe la libre competencia (Viri Ríos, dixit). La clave del crecimiento económico es la creación de un sector privado vigoroso, lo que no se dio en toda América Latina, incluyendo México.
El gobierno solo crea empleos temporales en la construcción de infraestructura, carreteras o vías férreas como el Tren Interoceánico. Es la industria y el desarrollo de las fuerzas productivas los que impulsan la economía; los que crean realmente riqueza y empleos. El comercio es importante, pero solo le da vueltas al dinero, como parte del sector servicios, así como las plazas burocráticas y de maestros.
Por eso es importante el análisis de la única industria de transformación en Juchitán, Casa Musalem. No es algo intrascendente, no es una boutique más que cerró. Quizá no tan grande, pero ejemplo de lo que es la iniciativa privada con una industria transformadora de materia prima.
EN LO POLÍTICO, destaca el legado de Manuel Musalem, Tarú. El único que hasta ahora solo apeló a la participación cívica pacífica, sin violencia.
Precisamente con la violencia fue como lograron acabar con ese primer ayuntamiento que los ciudadanos eligieron libremente. Sin esperar recibir tierras, terrenos o prebendas.
LA COCEI INSTAURA EL CAOS
Después vino el dizque “Primer ayuntamiento libre de México”, entre tantas otras narrativas de artistas e intelectuales optimistas que en cualquier barricada o pandillaje ve una gran revolución.
Con al predominio de la COCEI, se instauró el caos, la invasión de tierras para regalar a sus seguidores, la violación del Estado de derecho desde el mismo palacio municipal al no respetar la propiedad privada.
No es que se aplauda a esta última porque sí, es que al relajarse el respeto a las leyes y violentar las relaciones sociales, se relajó, se dañó el tejido social.
Las comercializadoras de empresas grandes empezaron a pagar un “impuesto revolucionario”. Las huelgas y pleitos laborales se ganaban por presión, no con la ley. La impunidad que brindaban los hizo crecer, aunque a la postre se pelearon y dividieron por ese “cadáver embalsamado” de la COCEI que los proveyó de diputaciones, senadurías y dinero, como escribió Víctor de la Cruz.
Desde entonces, con esa violencia e impunidad se abrió la puerta al caos que hoy tiene a Juchitán en la desgracia, en el baño de sangre que rebasa al endeble e inútil ayuntamiento, y que el gobierno del estado de Oaxaca solapa cómplice; así como el gobierno federal.



