César Rito Salinas
Para Minerva
Se requieren asuntos de la clarividencia, quererse mucho para dar el paso y habitar la ciudad violenta.
Para lograrlo, será necesario convencerte desde la música, traer los ritmos del Brasil a la cama en punto de las tres de la madrugada.
Noche larga con aguacero en medio del redoble de la batería, el bronce de los platillos como extensión de la lengua del que baila.
Oh, habla.
El bronce lleva un sonido dulce.
Madrugada de aguacero.
Quien está tumbado en la cama siente en el párpado el efecto de la duermevela, ese retumbar sabroso de coros y batucada en los audífonos.
El desvelo será un placer intransferible.
Platillos, coros, música del Brasil.
Antes del sueño, justo en el instante previo a que el párpado se cierre.
Entre el cerrarse los ojos la mano cobra vida. La mano es una buena obrera de la madrugada, obedece órdenes y busca la libreta.
Y el sueño se espanta, como vieja en la calle frente a los autos.
El sueño se evapora a las tres de la mañana, es inútil intentar recuperarlo. Los buenos sentimientos hacen brotar la mala literatura, dice Gregorovius dice Cortázar dice Rayuela. ¿Dónde andará la Maga a las tres de la mañana? Lucía.
Minerva.
El libro, Rayuela, tiene más de cincuenta años de publicado.
Me gusta esa parte, el capítulo 23, donde entra toda la música sobre el cuerpo de los personajes.
Ahora estoy ten la cama y golpea la lluvia sobre el cristal de la ventana.
Me calcé los audífonos cuando ella habló en mi recuerdo de una historia del pasado y yo tenía los ojos puestos sobre la libreta. La imagen o el recuerdo de esa imagen o mi imaginación de algo que nunca ocurrió me lleva a la historia de Horacio y la Maga y Gregorovius.
La noche en que Horacio se retiró del cuarto de la Maga, en la cama dormía un niño de brazos con temperatura, una infección, los pulmones, algo de eso. Horacio salió a la calle bajo la lluvia y se refugió en un teatro donde escuchó a una pianista loca.
Las lecturas de la juventud conducen a un comportamiento determinado en el hombre adulto, debo aceptarlo. Eso es la cultura literaria. Prefigurar acciones de la vida cotidiana, marcar la existencia con referencias lectoras.
Por eso aquella noche me sentía Horacio, y a ella le vi cara de la Maga.
En la madrugada con aguacero las lecturas entran por los poros del cuerpo de quien desvela, anticipan las respuestas de la vida de mañana.
Así, Paquito DRivera en esta madrugada de aguacero, crece lento como la necesidad de mujer, se acomoda entre el olor de la tinta barata y las hojas de la libreta.
Paquito DRivera en la madrugada de aguacero crece, se hace grande junto al texto rojo, de cera.
La música es la imagen de un encuentro en el restaurante.
El reflejo anticipado de la acción que vendrá.
—Hala, Maga.



