César Rito Salinas |
Hoy son varias las fuerzas que
tienden a romper la cohesión tradicional
de los textos narrativos.
Claudio Guillén, La plurinovela
Para Minerva Reyes
- La mañana está muy lejos, pero ya pasan las luces del camión urbano. Conmigo están el aire, el abrigo, la banqueta adormecida, las puntuales manecillas del reloj, los silencios.
Anoche aullaron los perros, padecí el acosó de la sed. ¿Qué sueño es el que vendrá entre ladridos? En la niebla aparece la piedra labrada. ¿Podré descifrar esa escritura? El abrigo sueña con monedas. Las luces de cumbia enmarcan el paso de los autos. ¿Puedo interpretar la música como signo distinto? Escucho los pasos que vienen de Monte Albán, el largo tranco sobre los cinco escalones de la ciudad antigua resuena llama a las puertas tapiadas.
- ANTES DEL ALBA, CON LA LUZ QUE TREPA POR LOS MUROS como rata perseguida por los gatos de la madrugada.
BIEN. YA.
***
Las botellas de mezcal estaban en el piso, las notas del pos it tenían escrito estos nombres: coyote, arroqueño, belató, tepeztate.
Por la tarde cayó la lluvia, pero ya en la noche lucía un cielo esplendoroso.
“Soy un lector que escribe”, dijo Enrique y sirvió mezcal en el bulbo espirituoso.
Las letras llegan con un recuerdo inventado, forman el apunte escrito sobre pequeñas tarjetas; el recuerdo pescado al aire concreta ejercicios de la memoria que anticipa olvidos.
La conversación puede ser la forma de la nueva escritura; la escritura interrumpida, Enrique recordó que el bulbo espirituoso tiene por función dar salida dirigida a los alcoholes superiores del mezcal, “la memoria tiene por base a nuestro olfato, del olfato viene el lenguaje.”
Estoy de acuerdo, dije, las cosas cambian o se olvidan, nos dan la oportunidad de pronunciarlas.
En la pequeña habitación pude ver que los frascos de vidrio ocupaban el piso; sobre los escritorios estaban los trastos de las letras, las máquinas.
Enrique se sirvió otro mezcal, dijo: “debemos abordar la mentira como forma de la invención, como intento de la expresión del pensamiento”.
Por la ventana pude ver la luz del rayo que iluminó, por un instante, el cielo de Oaxaca.
Me aferré a mi vaso de mezcal, “estoy de acuerdo”, dije.
__ Por estos tiempos los lectores demandan crónicas de la realidad marginal -dijo Enrique.
Me pareció que el comentario de Enrique buscaba honduras, pleito.
Sabemos que en toda América los escritores son de izquierdas, eso pregonan, eso esperan sus lectores; son suyos los temas del gueto.
Pero el hacer la crónica requiere de un espacio propio, del ejercicio de la imaginación sobre un territorio y una lengua, de una memoria específica.
__ ¿Quién hace la crónica de San Martín? ¿Quién trae la crónica del mezcal? ¿Quién la del mercado de abastos?
Enrique levantó la voz, por un momento tuve la certeza de que los vecinos vendrían a tocar la puerta, a exigir silencio.
En Oaxaca sobran los temas, dije, faltan autoras, autores que salgan a la calle con la camiseta del territorio bien puesta.
Hace falta que se escriba de la gente a partir de los recuerdos inventados porque, ¿para qué escribir lo que ya se conoce? ¿Para qué nombrar lo que ya se sabe? Hay que inventar la realidad.
__ ¿Quién sale al silencio armado de silencios? ¿Quién busca nombrar lo que se mira con esas palabras que fueron tomadas de un libro, de otro autor?
__ El problema del cronista es que quiere nombrar lo que observa con palabras propias, y eso es imposible.
__ Intuyo que no se trata de nombrar la verdad (nadie la conoce); el asunto gira sobre las palabras escritas en la forma literaria, que es algo muy diferente.
Enrique dice que es un lector que escribe. Por ahí va el tiro de la crónica, nombrar con palabras ajenas, tomadas del libro, y ponerlas en ese asunto tan específico de Oaxaca y los oaxaqueños. Me pregunto esto, ¿de dónde vamos a sacar las palabras para nombrar nuestros mezcales? Las palabras vuelan sobre el lomo de las palabras, pero ¿por dónde volarán si no cuentan con las palabras que las anteceden?
El problema de la escritura no va por la verdad o la mentira, la originalidad, el tema de la escritura es encontrar los predecesores que nombren en algún sitio los temas de Oaxaca.
__ La escritura previa puede estar en otra lengua, en temas tan descolocados de esta geografía como el mar o los reyes taumaturgos o la brujería -dijo Enrique.
Hay que nombrar el tiempo que nunca se repite, que corre como el río de aguas turbias hasta llegar al postrero mar.
- Contaré la historia, pero las historias son viejas y de tan escuchadas ya no interesan a los lectores, se repiten, así pues, en estas páginas encontrarán ustedes una suerte de atuendo, cierta estrategia de perchero -de fulgor de maniquí-, de almacén de temporada donde terminan los libros.
En la banqueta está echado un perro amarillo, arde la imagen como luna gorda que a medianoche se multiplica sobre las aguas del arroyo.
__ Hoy sí abrimos –dijo ella tras la barra del local.
Por un momento pude mirar que el brillo de la luna también estaba sobre los labios de la mujer, aquel reflejo me llevó a los días del mar, el tiempo en que cundían como liendres hambrientas las preguntas en mi cabeza.
- ¿Qué pasará?
Cuando estaban cuidando los animales, un familiar mío encontró la imagen del santo. Allá donde vivían se pusieron de acuerdo en reunión, vino a ver el santo un vecino de Estetla, un hombre que sabía leer y escribir, el señor Pío Quinto López. Él fue quien avisó en la ciudad de la aparición, Pío Quinto fue a Oaxaca, buscaron allá información, cómo hacerle para enterar a la iglesia de la aparición del santo en nuestro pueblo.
- ¿Los perros en la playa oscurecida parirán el número suficiente de crías que vengan a lamer estos recuerdos?
Siempre hay un comienzo, no lo busques.
A veces se sufre por la falta de perros.
El camino más corto para entender los hechos son las preguntas y cierto reborde por donde el que no sabe hace equilibrios hasta lograr enterarse.
Comienzo entonces con esto del equilibrio.
Para alcanzar estilo en la escritura, para sostener la mirada frente a la mujer tendrás que aplastarte sobre tu ignorancia. Sólo el que lo ignora todo, o una parte de aquello que ocurre a su alrededor, una hoja, una nube, la sonrisa de la mujer o la aparición de un santo puede imaginar algún suceso.
La ignorancia es la madre de todas las imaginaciones. El que ignora a los escritores y a los que aplauden a los escritores puede alcanzar a escucharse y contar con una mínima oportunidad para lograr su objetivo, escribir.
__ ¿Hasta cuándo dura un instante de tu venganza? –la voz de la mujer se arrastra en el agua puerca del arroyo, el sonido de su voz se agita con la luz de la luna en la noche de la angustia.
- En la barra pedí un mezcal, blanco. Había tepeztate, pero pedí un espadín.
De niño robé el fruto de los huertos.
Yo era un huérfano, necesitado de sombra.
En el camino las hojas del árbol me vistieron. Maté el hambre con la imaginación de un árbol que daba frutos. El tiempo creció en la casa de las ostras. Las mareas altas, las mareas bajas, pleamar y bajamar hicieron el trabajo de crecerme.
Llevo los bolsillos repletos de mensajes para mi padre, algunas piedras.
Aprendí a pescar y regalé peces.
Así llegué a la Mixteca Alta.
Pude observar el crecimiento de la sal en el pecho de las estatuas, forma una costra verde, existían tantos muertos entre nosotros. También bebí el agua clara bajo la sombra fresca de la mujer, me hinqué ante su vientre.
- Cargo preguntas.
¿En qué hora, a qué distancia en la madrugada se arrastra la luna por la playa del arroyo para engendrar tanto silencio?
Puedo recordar, pero nada digo.
- Las primeras personas que supieron de la aparición avisaron al cura de Catedral y el cura vino a ver, se hizo una misa, pero el mismo cura no quería que se construyera el templo donde actualmente se levanta porque en ese lugar no había agua, y el mismo cura mandó a construir el templo allá junto al río Cholula.
- Entre tantas preguntas me pierdo, y me encuentro. Soy impertinente cargado de palabras que solo forman preguntas.
__ ¿Por qué no te mueres? –dijo la mujer antes de cerrar la puerta.



