César Rito Salinas
En su juventud fue marinero, luego se hizo, en Francia, cuidador de una propiedad ajena.
Así de corto, breve; esa será la más completa y maldita biografía del escritor.
El dedicarse a una actividad obtenida frente a la naturaleza adversa, desde el oficio mínimo donde apenas se saca para medio vivir, desde ese sitio infernal vienen las historias, las palabras.
Las historias vienen de un dejarse llevar -escasa expresión- sobre lo insignificante. El oficio puede ser marinero, velador, encargado temporal de un prostíbulo, vendedor ambulante de corbatas; periodista.
Cualquier actividad denominada por la sociedad -los contemporáneos- como insignificante.
Desde ese espacio pasará la edad en que los hombres, las mujeres, ambicionan en levantar su primer millón de dólares -antes de llegar a los 30.
Casa, auto, mujer; qué vida desperdiciada.
Pero hay una salida antes de la soga o la muerte por infarto masivo al miocardio,
Si se obliga el cerebro por olvido, distracción, guiado por un ser maldito, a existir sin pasado, sin futuro, se tendrá un poco de espacio para reflexionar sobre el tiempo pasado y el porvenir.
Los prejuicios sobre la edad y el tiempo bloquean la escritura.
Y en esa condición del olvido -de las circunstancias- se levanta el carácter que hace posible la escritura.
Si que nada ni nadie importe -ni siquiera tu cuerpo.
¿Es usted Paul Auster?, de la agencia de detectives Auster.
Aquí no hay ningún Auster, esto no es una agencia de detectives.
El inicio de la historia cae por su propio peso, si la cabeza se mantiene limpia de objetivos -de futuro, del pasado.
Si logras eliminar las telarañas de tu cerebro.
Los maestros dicen: hay que estar preparados para cuando llegue el momento propicio que suelta todas las historias.
¿Cómo es estar preparado?
Si, a la manera de los gatos que cazan a los ratones.
Coloca una hoja en blanco sobre la mesa.
Escribe la palabra “fue” -y nunca volverá a ser.
La escritura es una acción que corre sobre el tiempo, “lo que nunca volverá a ser”.
1979, Nochebuena.
Como si la voz de la radio leyera la crónica de una civilización perdida.
Como si se habitara el futuro o se volviera del infierno con una flor en la mano.
Estar preparado para cuando llegue el momento; con el estómago vacío, cagado y meado.
Porque lo que viene te quitará el tiempo -ocupará todo tu tiempo y te robará las ganas de ir al baño.
Tu cuerpo será tu hogar.
Tu pecho será tu infierno; las letras, un cachito de cielo.
El cochón raído sobre el piso, sin ascensor, con departamento en el último piso de un edificio de 10.
Contar solo con tus pensamientos para cambiar la geografía de la soledad.
El rugido del techo al respirar.
Hay intervalos donde se recomienza a conquistar el vacío.
Noches oscuras; habitar el agujero negro.
Y desde estar dispuesto a entregarte, a hacer de tu vida el personaje de tus historias.
Y estar dispuesto a cambiar tu vida por la voz del narrador; sin dramas ni las ansias por leer tu nombre al pie de las estatuas.
Si estás dispuesto a velarte, hacer tus nueve días de finado, los cuarenta, el cabo de año; y en cada lapso ser tu invitado y ser tu familia y a ser el muerto y la viuda y el huérfano; tu propio doliente..
Puedes caminar por la calle y encontrarte 100 dólares.
O cruzarte en la línea de un disparo y encontrar la muerte.
Lo que quiero decir es que el dinero es lo que afecta la vida.
Deambulas por ahí con muertos.
Hablas con los muertos.
Y desde ahí tienes que ser padre, y educar a tus hijos.
Y ganarte el pan con el sudor de tus nalgas; de tu espina dorsal.
Esta condición de resistencia viene del olvido de uno mismo; dejarte en una calle, una esquina, en una colonia cuyo nombre no recuerdas; olvidaste tu futuro, de tu alma.
Y que poco te importe tu nombre.
Y desde esa hora aprender a caminar sin tu sombra.
Desde esa hora ya no te interesa tu existencia, ni te la tomas en serio.
Y ese olvido te hace la espalda dura.
Te pone las nalgas duras.
Las vértebras de acero.
Y la cabeza, casi sin peso.
Y ser adorador de El Quijote -todas las novelas salen de ahí.
Hermano, los artistas no escriben bestseller.
Muere mil veces como lo hiciste a los 10 años, cuando te imaginaste escritor y esa imagen te robó tu tiempo.
Tienes nostalgia del presente.
Muere, y regresa para contar la experiencia.
Sé el muerto que recoge sus pasos.
Algunos autores escriben desde la desesperación.
En los días de la navegación por el Atlántico, rumbo a Francia, Paul Auster fue marinero.
Ata la idea de fama a un rollito de papel, y olvídala donde mejor te quepa para mantenerla a resguardo, sé su fiel enemigo, por los días de los días de la eternidad..



