viernes, abril 17, 2026

Mientras los pájaros cantan en el guajal

Debes leer

César Rito Salinas

En 1818 Joseph Jacotot, lector de literatura francesa

en la universidad de Lovaina, tuvo una aventura intelectual.

Jaques Ranciere, El maestro ignorante

Para Minerva Reyes

I

El Poema espera la mano que ejecute el plan/que una los dos puntos. Pan sobre la mesa,/taza del café,/hormigas del mantel,/salta la hermosura entre dos espacios. Los suicidas regresan empoderados/del intento de quitarse la vida.

“Si, es así”. San Martín por la secundaria, lavar tazas con audífonos,/aislarse del mundo,/insistir sobre los actos cotidianos/, escribir poemas mientras los pájaros entonan cantos en el guajal/para celebrar a Monte Albán.

II

En este momento en el país hay ocho mil ochocientas ochenta y ocho almas en busca del poema; no son muchas ni son pocas, son un montón.

Son tiempos duros, hace falta vivir otra vida. Al mismo tiempo hay otras ocho mil ochocientas ochenta y ocho mentes que envidian con toda el alma la cifra de individuos que buscan escribir el poema, bien lo sé; no son muchas ni son pocas, son las que son. A todo esto llega puntual, cada miércoles, el camión de la basura que arrastra palabras, significados. El conductor hace sonar la campana que abre la puerta de las viviendas, donde moran los cestos.

La poeta Carmen Boullosa me dijo una tarde en el centro cultural Santo Domingo, Oaxaca: deberías firmar tus libros como Rito Salimas.

III

¿Quién firma sus libros? La poesía es un bien común.

IV

En la escuela me interesó la acuacultura, el calendario de mareas, la oceanografía y los conceptos del mar, isocorrientes, isotermas; las influencias de los astros sobre el cuerpo marino, la biología maría. Me enteré de las fosas abisales, de la falla de San Andrés. Supe de los ríos submarinos y del Canal de Panamá, pero me ganaron el interés las letras.

V

Hijo rebelde de viuda analfabeta que fui me hice en la biblioteca, me enamoro de las bibliotecarias, ganan mi tiempo y mi voluntad y no encuentro nada mejor que el libro como excusa por escribir poemas a la mujer que trabaja sobre atmósferas cargadas de moléculas de benzaldehído (vainilla) etilbenceno y tolueno.

VI

Sufro disfunción eléctrica cerebral, pero recupero la atención si me mantengo junto a un libro, las letras o el olor de la escritura impresa. De aquel tiempo de marinerito que fui, el mar me dejó memoria olfativa. Puedo desempeñarme como catador de esencias y alcoholes, mezcales.

VII

En la secundaria fui estudiante becado, tenía ya el vicio de leer y el vicio secreto de la escritura (fui niño ebrio), pero nada sabía de la industria cultural ni de las actividades editoriales, de la forma de ganarse la vida detenido frente a las letras.

VIII

Entiendo que la mejor forma de asumir un oficio, ser oficial de un quehacer hasta la muerte, practicante de una actividad, será de estar desde los inicios despojado de todo interés, al sesgo. Con ese principio me salvé de terminar mis días como profesor sin fe ante palabras y los significados, maestro del taller de lectura y redacción, mentor  de préstamos y figuras de la lengua; jubilado.

XI

Mi cabeza se guía por los espacios donde se expele el olor de los libros viejos -o nuevos. Mantengo el impulso de la adolescencia marinera, de los tiempos de allá en la colonia San Juan, de La ventosa, de las noches de baile en el burdel donde corre el aire caliente cargado de palabras.

X

Escribo como quien va a misa o se toma la medicina para mantener a raya la enfermedad crónica; escribo para respirar.

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