César Rito Salinas
Los postes de madera están en el suelo,
En los árboles los zopilotes abren sus alas
para entibiar su sangre caliente.
Desde la torre de vigilancia del presidio
los custodios, al mediodía, no miran a los reclusos.
En el patio. Ven, quizás, a una mujer desnuda en el río
o a un plato con tasajos y frijoles.
Sobre un río sin nombre pasa el puente Tortugas,
Abajo, en el lecho, anda el muladar altivo, enorme.
Se escuchan los gritos de los reclusos,
la voz de alerta del centinela.



