César Rito Salinas
Gracias por la Ixhuateca.
De Ixhuatán era Andrés Henestrosa, nuestro muerto tan querido. ¿Por qué elegiste la Ixhuateca? No lo sé, sólo sé que te debo abrir una carpeta donde vaya dejando uno a uno los poemas, la presencia de la tierra y de los maestros.
Así formaré un libro de poemas. ¿Sabes que este mar es el mar de los despreciados? En el siglo XX, a principios, fue Wallace Stevens, luego Malcom Lowry, quienes navegaron y escribieron de ese mar, del Golfo de Tehuantepec. Stevens tiene un poema titulado así, El Golfo de Tehuantepec; Lowry dejó algunas páginas bellas sobre el mar de los pobres oaxaqueños, hechas en su navegación hacia el canal de Panamá (hay una traducción de Salvador Elizondo), “el mar de los tiburones de plata”. Luego nadie más escribió de ese mar durante casi un siglo –de la arena, del viento que corre fuerte y esparce el olor de las escamas, que golpea enloquecido, con ojos de lagarto.
Del puerto astillero de La Ventosa salieron las naves que descubrieron el Pacífico mexicano, la baja y alta California, el Mar de Cortés.
¿Por qué te digo esto? Sólo doy vuelta a las narraciones porque quiero que sepas de mi tierra, Tehuantepec, de su gente; del niño ebrio que fui, recogido por las putas del puerto, que estudió la secundaria entre cooperativistas pescadores del camarón.
Quiero enterarte de los oficios de su gente, con los que aguanta y resiste; de ese mar salí hasta llegar a mis muertos que me enseñan esta necesidad de nombrar la tierra.



