César Rito Salinas
La tribu que anda entre pecho y espalda está guiada por un hombre, casi un niño que desconoce el significado fiel de las palabras -sólo lleva el rostro contra el viento que acompaña su sonrisa, que agita sus cabellos.
El niño guía la tribu que anda, monta una bicicleta que supone jerarquía (la ruta, el destino en los puños, la mirada).
El niño que guía la tribu que anda entre pecho y espalda lleva en la bolsa izquierda de la camisa una fotografía, la camisa blanca que planchó su madre. Aquellos que guían deben cargar fotografías para que nunca olviden los sueños que dieron origen a la ruta; por desconfianza, para llamar a la suerte no hay nada como una fotografía pegada al pecho muy junto al corazón.
La fotografía resulta el sitio de la cábala, durante mucho tiempo fue utilizada por el pueblo para hacer el mal; pero también resulta efectiva con el signo contrario, obtener el bien durante años cargué en la cartera el retrato de mi madre.
Desde la esquina de la noche
puedo escuchar con claridad
el hervor del agua,
el goteo incoloro de la llave
en el fregadero.
en otra noche me
despertaba la sombra
de tu figura.
En la vida de un hombre
resulta suficiente
pasar por cuatro velorios.
Cuatro misas de cuerpo presente.
El olor de mujeres
y hombres que lloran
se impregnó a mis manos.
Lo retengo como
testimonio de amante
que sostiene el olor
profundo
de su amada
en la yema de los dedos.
De tanto en tanto
levanto mis manos y aspiro.
Ahí está
permanece imperceptible
el olor
del incienso.
Ese olor
guía el rumbo
de mis pasos
en esta vida.



