César Rito Salinas
En la hora del resfriado busco en las letras del pasado la imagen que me saque a la calle, que me traiga la salud perdida. ¿Por qué confío mi mejoría a los asuntos del pasado? Me doy cuenta que escribir será buscar un tiempo otro, algo, cualquier cosa.
- ¿Quién cuenta la historia? -pregunto.
- Quien convalece resfriado -responde el aire frío de la madrugada.
Antes de llegar a Matatlán pasamos a Tlacolula; el cielo barruntaba tormenta, Renato habló de las clases del profesor Markens, de los textos de López Austin y López Luján, del monte sagrado.
Desde la fundación de los pueblos la gente asume que el dueño de las cosas, el señor Cocijo, entrega los frutos de la tierra.
En el mercado de Tlacolula recibimos empanadas de amarillo, llegaron entre las voces, como el milagro que ampara a los necesitados. Al terminar, en la calle, percibimos el lento olor a copal. Hablamos del fervor que aún le guarda nuestra gente a Cocijo, de los fieles que acuden en catedral a la capilla del Señor del Rayo. Algo se dijo de la greca escalonada. La conversación giró entre fervores. Hacía sed ¿Qué olor tiene el mezcal? ¿Alguien lo podría decir? Sobre el asfalto corrían las imágenes, escuchamos un trueno, pudimos ver al relámpago que caía como una gran serpiente de fuego derrotada. Los cerros se oscurecieron a la distancia, Félix dijo que el primer trago de mezcal lo merecía la tierra, en Matatlán
Uno, dos, tres. Pasa un rato, mucho o poco, cierro los ojos, abro los ojos. Uno, dos, tres. Desespero, no encuentro el archivo con el material de Henestrosa, pero encuentro estas hojas (con el resfriado mi intención frente a la máquina se rompe, encuentro que no escribo para plasmar un tiempo, retener a Lucía sobre el tiempo del malestar; descubro que junto palabras para llegar a un final, ¿qué final? El que sea, lo que venga).
La tarde anterior había llovido, la mañana del viernes llegó calurosa a la ciudad vacía: el gobierno anunció la suspensión de actividades no esenciales, hoteles, restaurantes y comercios cerrarían sus puertas, la Guardia Nacional patrulló desde temprano, pero sólo las calles del zócalo.
- ¿Vas a salir?, con cuidado.
10:30, me encuentro a nueve mil quinientos caracteres de entregar mi trabajo de este día, por primera vez la ciudad despertó sin fuentes de información; muy temprano tenía prisa, necesitaba noticias y un trago de café. Busqué en el periódico:
El gobierno de Oaxaca se suma a la jornada de prevención, del 30 de marzo al 30 de abril, de la nada surgió una frase, contundente y luminosa: el presente será pretexto para poner a caminar el pasado, con prisa la escribí en una hoja de la libreta.
El silencio de esta la mañana confirma lo perverso de los pensamientos, que me asaltan por la noche. En San Martín por la secundaria no hay camiones que desciendan la Y de la colonia Moctezuma. - ¿Puente Valerio?.
Las acciones se llevan a cabo de acuerdo a la declaración de Emergencia Sanitaria que emitió el Consejo de Salubridad General, la cual contempla medidas obligatorias, desciendo justo en el puente Valerio; un olor pestilente vuela, atraviesa el tapabocas, una fuga de aguas negras emerge, incontenible. - ¿Nadie ha llegado a reparar la fuga? –pregunto en la terminal de mototaxis.
- Nadie –responde un conductor-, San Martín no le interesa a nadie.
Oaxaca fue amenazada por epidemias desde siempre, se registran a montones por las épocas de su historia; la investigadora Margarita Dalton Palomo, en su Oaxaca, una historia compartida, publicada por el Gobierno del Estado en coedición con el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, 1990, trae los datos:
- Una terrible epidemia de viruela hizo estragos en la ciudad de Oaxaca; las primeras víctimas son abandonadas por sus deudos, según la costumbre, a las puertas de San Francisco y otros templos.
Sin café y sin periódico desespero, atravieso la pestilencia que flota sobre el puente Valerio, llego a la terminal de colectivos que salen para Atzompa; los conductores, ante la falta de pasaje, ordenan bolear sus zapatos.
El bolero cuenta historias:
- La cosa está dura, allá por Candiani un circo y sus leones se mueren de hambre.
1782: 24 de febrero. Se termina de construir el convento de los Siete Príncipes de la orden Regina Coeli, y las monjas fundadoras llegan procedentes de la ciudad de México. Aparece el edicto prohibitivo del obispo Ortigosa en donde se queja del relajamiento de las costumbres y de la aparición de bailes lascivos.
¿Qué serían los bailes lascivos?, el obispo Ortigosa debió ser una fiera armada con edictos; entre el polvo, que revuela las silenciosas calles de la ciudad, la pregunta se convierte en afirmación, puedo palpar los “bailes lascivos” cuando atravieso Periférico esquina con Las Casas.
Avanzo, voy al centro por un café y el periódico, busco fuentes informativas que declaren sobre la pandemia.
Un par de franeleros, sentados en la banqueta, buscan sus venas para inyectarse cristal, la droga más barata; a su lado pasan comerciantes en triciclo, camiones urbanos, personas que van y vienen con la prisa en el rostro. - El virus está cabrón, ¿ya viste lo de Guayaquil?
Se escuchan voces o la conservación repetida tantas veces genera el eco en las calles vacías. Mediodía, luego de atravesar media ciudad, seguía sin temas, apuré el paso.
Los peatones avanzan junto a los dos jóvenes que se inyectan, a nadie le importa que se droguen a la luz del día; viernes de pandemia, la Central de Abasto sin policías.
- 15 de diciembre. Cubre los campos de Teotitlán del Valle una gran nevada, muy extraña sin duda en aquellas latitudes, acompañada de ruidos subterráneos y seguida de copiosísimos aguaceros que no son menos dañosos a las sementeras que las sequías de años anteriores. 25 de diciembre: una real ordenanza, el virrey Mayorga manda aplicar medidas para remediar la situación en Oaxaca, reprimiendo la usura y las injusticias.
Por las calles vacías se siente el desempleo, la falta de baro, la marmaja; corren versiones, afirman que, por las calles del primer cuadro de la ciudad, al estar solitarias, asaltan; que un anciano murió en el colectivo, que venía de Zaachila (dicen que Manzanero llegó a Oaxaca a celebrar sus cumpleaños, que le bailaron los Zancudos, que el contagio le causó la muerte). Las voces que describen la muerte por asfixia coinciden: traía cara de espanto. ¿cómo saber la cara que ponen los muertos asfixia? ¿Quién los ha visto? El que presta oídos a las versiones se topa con un hecho, faltan los pensamientos y el aire; escucho cómo se aleja el viento tras la esquina mientras yo abro los ojos, enormes como platos.
Las Casas esquina. Victoria.
La gente se apura por la calle repleta con ojos desconfiados, en la zona caliente de la ciudad, donde las cosas cambian de dueño al menor descuido. En este espacio se junta la migración interior, se forma un núcleo de rostros descompuestos, una mezcla difícil de definir. Como en la Quinta Avenida de Nueva York, esta calle se llena de lenguas, se escucha el mixe, zapoteco, huave. La Oaxaca la de las mil voces.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis. Como quien elabora el pronóstico del tiempo, leo noticias pasadas para elaborar mis reportes.
Sin el quorum legal, la funcionaria universitaria intentó imponer al porro Francisco Velásquez, alias el Sonrics, como presidente de la comisión electoral.
Frente a catedral dos mujeres conversan, sentadas junto a sus canastos.
- ¿Y Justina?
- Tuvo miedo, manita, mejor levantó su puesto y regresó a casa.
- ¿Por qué va a tener miedo? Si no es una cosa es otra, estamos con amenazas sobre la espalda.
Imagino o percibo el olor del café: la dicha llega con el aire repleto con aroma de café.
Las mujeres que atienden los puestos ambulantes hablan mientras ofrecen a despistados viandantes fruta picada; comentan la baja venta, la ausencia de clientes. - Se fue a cuidar a sus hijos.
Las mujeres del comercio ambulante llegan desde temprana hora a la central de Abasto, provienen de los municipios cercanos a la capital.
Las noticias de hoy serán historia de mañana, el olor del café llega repleto con cuadros de la emergencia sanitaria, el registro del tiempo no cambia. La historia de otros tiempos será parte del presente golpeado por la emergencia, la historia carece de punto final.



