César Rito Salinas
¿En este puerto dónde dormirá el hombre
que trae hasta mi mesa
los relojes de ultramar?
Pasa por las mesas del Gran Café y ofrece
sus baratijas.
Alguna mujer, algún hombre, será enganchado
por su lengua.
¿Dónde duerme este infeliz
que a todas horas del día camina por las calles
del puerto?
¿Dónde lo esperan su mujer y sus hijos
mientras caza
a los adoradores
del oropel?
El infeliz sabe que el mundo no tiene remedio.
Engaña.
Miente sin recato.
¿Cuánto ofrece, señor, cuánto está dispuesto a pagar?
Boca dulce,
lengua de la mentira.
Salida la mercancía de sus manos
las manecillas del reloj de ultramar
detendrán su marcha.
No se aceptan reclamaciones.
Y el infeliz será feliz.
Llevará alimento a la boca de sus hijos.
En su calle recibirá el saludo de sus vecinos.
Copulará en su cama con su mujer.
Despertará dispuesto a timar,
quitado de la pena, el muy hijo de puta.



