César Rito Salinas
Una ciudad dispuesta en infinitas
escaleras gime, llora por sus hijos
que se suicidan bajo las ruedas
del inmenso tren. ¿Dónde
encontrará descanso la pequeña
que pinta su rostro encendido?
Antes como ayer, antes como hoy
la muerte ronda escaleras abajo.
El alba acecha almuerzos de azúcar,
calaveritas de Muertos, fragancias
de suspiros secos de sol.
¿Qué será del obrero que vuelve a casa?
Lo espera la flor brillante que se entrega
ávida de ojos.
Las escaleras gimen de gozo
mientras desciende en hombros el cadáver
del estudiante que fui, que seré.
Muerto tierno soy, alma en pena, asombros.
Mañana será mañana, habrá recuerdos de luceros.



