César Rito Salinas
Informe para una viajante en Taxco
Escoger entre todos estos materiales
es el primer paso hacia una expresión coherente.
Edith Wharton, Escribir ficción
Terminadas la prisa de las horas, la obligación, regreso a este escribir; pero, por otra parte, reconozco que existe también otra escritura, aquella que parte con la prisa donde busco el registro de mi tiempo fugaz, desmemoriado. Entonces tengo dos productos que cuentan como materia prima con el lenguaje escrito.
La entrada de este artículo no era esta que acabo de escribir, era otra: Cualquiera escribe una primera novela genial, cualquiera; el gran problema viene cuando te piden lectores y editor, tú mismo, repetir ese talento de la primera en un segundo, tercero, cuarto libro -ahí el mundo se parte.
Vamos por partes.
En la ciudad corren los días de lluvia, del sosiego. El domingo toca permanecer acostado hasta tarde y participar de ese gusto de la adolescencia, permanecer entre sábanas mientras las horas corren hacia ninguna parte.
Esta mañana llevé a la práctica lo aprendido en horas de la desesperación. En camiseta llegué a la cocina, prepararé café. Quise dejar que el mundo pase con sus llamadas telefónicas, las urgencias. Al instante sin agobios lo llamo la cruda de la adrenalina, donde el instante se deja acariciar, cierra los ojos, ofrece el lomo y suspira.
En las dos expresiones de la escritura lo principal será respirar, dar alimento al cerebro.
Con el olor del café se activa la memoria de la prisa, la urgencia, los pendientes por hacer. La escritura. Para este tiempo serán pasadas las tres de la tarde, tendré un poco de hambre; pero estará activa, de nueva cuenta, la escritura que hace que olvide alimentarme.
Será bueno mantenerse en calma, levantarse del escritorio a preparar un segundo café que, sin dudas, desemboca en las lecturas pendientes de hacer que se juntaron al calor de la prisa, de las horas en que se tenía que dar final a miles de palabras que crecían ante nuestros ojos.
Abordar la lectura sin prisas forma otro sentido; tengo claro los juegos del cerebro, problematiza la lectura sobre dos pintas, la angustia y la calma.
Una forma de analizar las obras de los novelistas en la cruda de la adrenalina será juntar el material para un segundo, tercer o cuarto libro; desde ahí chupar todo lo que se pueda, las formas retóricas de las obras juntadas con ansiedad, que cuentan ya en este tiempo sin tiempo con la narración que llega más allá de un primer momento cuando aporta información; Grabarse entradas y finales.
Porque con la primera obra publicada uno aprende esa diferencia que existe entre leer como un lector ordinario, para aprender, para perder el tiempo, por diversión, aburrimiento; y comienza a realizar la práctica lectora como autor, con la libretita y el lápiz al lado, pendiente de la forma, del lenguaje, de los aportes del autor a la lengua.
Habrá que buscar el sentido más allá de la anécdota que se narra, de otra forma se escribe un reportaje, pero no literatura.
A las pruebas me remito, pongamos libro sobre la mesa y preguntemos a cuántos autores de un primer libro genial conocemos y cuántos de ellos abandonaron ya la escritura.
La ciudad de la cantera verde se adormece bajo la lluvia, ausente; pasadas las fiestas de Guelaguetza; con la repetición de la rutina del café, ese mirar el aire con la cabeza vacía de imágenes, llega la escritura por obra y gracia de la lectura la repetición de ciertas atmósferas.
Las atmósferas que guardamos en la memoria son la base de la obra.
Si se es escritor ahí se demuestra, cuando salen las palabras escritas de la nada, del aire, la cabeza vacía de búsquedas y obsesiones.
Oaxaca es bella, con los conflictos humanos suficientes para que este sea el lugar de la narración futura.
Y quien logra este ejercicio, escribir sin una razón para hacerlo, tendrá su segundo libro genial, importante para próximos lectores y editores.
La pregunta que pongo sobre la mesa es la siguiente: ¿se aprende a mirar la araña que se detiene en la esquina, entre el muro y el techo?, ¿queremos aprender a dominar la repulsión, el miedo? ¿Alguien te podrá enseñar a encontrar lo interesante a el tiempo muerto?
Cuando llega la escritura de la nada busco no concentrarme, porque para esta escritura no se necesita concentración; el tiempo carece de objetivos.



