César Rito Salinas
Los pueblos mixtecas que crecieron a sus faldas lo denominaron Yucucui, que quiere decir “monte verde”.
Solo fuimos a la fiesta por un momento. Me falta el aire. Entre los vecinos circula una versión: en el siglo XVI perteneció a un español de apellido Montalbán. Las crónicas de 1678 asientan la muerte de un tal Obispo Mantecoso de Oajaca, conocido por haber hecho una fuente de agua delgada que destila del Monte Albán, inmediato a la ciudad -por el sur. Despierto enfermo, en mi cabeza está un nombre: Monte Albán, intento recordar la primera vez que escuché esas palabras, seguramente por boca de un profesor en la escuela primaria.
En mi cabeza conservo la forma de las piedras esculpidas, lienzos, telas, papeles para grabar formas que no reconozco. Con asombro descubro que desconozco el origen de las palabras. Antonio Caso duda sobre el origen del nombre zapoteca de Monte Albán, realiza una grande vuelta, tantea sonidos, investiga. Avanza la noche, siento ardor en el pecho, pero mi deseo de remediar mi falta de información me lleva por la lectura. En el siglo XVIII se confirma el nombre de Monte Albán en un proceso ante la Inquisición. El Corregidor de Oaxaca pretendió con una varita encontrar un tesoro que un indio le había contado. Alfonso Caso concluye que el nombre de Monte Albán existió desde el siglo XVII.
Tengo sed, moriría por probar una cerveza.
En el sueño siento que un filo me atravesó el pulmón, escucho música del baile. El sitio de los tesoros fue explorado en innumerables ocasiones, hasta por el presidente del Consejo de Indias. El 7 de mayo de 1530 se otorgó la concesión por cédula real al Conde de Osorno, “para que por veinte años pueda buscar, descubrir u abrir enterramientos (…) en que hubiese tesoros, joyas de oro, perlas y pedrería”.
Tengo sed, una voz que no reconozco me dice no puedes beber agua mientras moja mis labios con algodones humedecidos. ¿Dónde estoy?
Mucho antes de la llegada de los españoles Monte Albán, la ciudad antigua, fue abandonada por los zapotecas (Monte Albán IV), los mixtecos la habitaron el siguiente periodo (Monte Albán V). Se establecieron en un primero momento a las faldas de la montaña, en el paraje conocido como El Pitahayo. La ciudad fue abandonada por los zapotecas, pero entre sus escombros se realizaron ofrendas y entierros. “Es posible que los zapotecas habitaran en Zaachila y los mixtecas en Monte Albán, es posible que los dos pueblos fueran vecinos hasta el siglo XV, en la Conquista. Avanza la noche, corre el viento frío. Mi condición de postrado crece con la falta de respuestas, se hace más hondo el silencio. ¿Y la fiesta, dónde quedó la fiesta?
De pronto me nacen ganas de pintar. En la tierra revuelta encuentro el trabajos de la mano y el fuego, pequeños ídolos de barro, ¿Por qué en mi cabeza resuena el nombre de Celso Wilfrido Olivero Velásquez? No conozco a nadie que lleve ese nombre; dice Caso que la Tumba 7 fue utilizada en dos ocasiones sucesivas, una vez por los zapotecas y otra por los mixtecos. Yo estudié arquitectura, lo recuerdo.
En las Memorias refiere las “breves noticias” de las investigaciones previas que realizó entre 1931-32, año del descubrimiento de la Tumba 7. Comenzó con la limpieza de la gran escala (que mide 37.80 metros de ancho con una anchura de 12.10 metros), Plataforma Norte, en la noche detengo la lectura, me imagino postrado ante la magna obra, para realizar el trabajo me dotan con las sencillas herramientas; levanto la mirada, las piedras me miran. ¿Quién soy?
Siento el peso de los astros caer sobre mis hombros, jalo aire, vuelvo a mi labor -antes de escuchar la voz de gente vestida con bata blanca que se pregunta por mi destino, si será salvar la vida o morir. Luego corro, fui herido en la espalda por cuchillos de pedernal, pero conservo entre mis ropas los finos pinceles con que hago mi trabajo.



