César Rito Salinas
Para
los marranos perros ebrios callejeros, los tepos.
A la memoria del maestro Eusebio Ruvalcaba
Llego a la puerta, abro.
Pero la puerta a la hora de la madrugada
nunca abre.
(siempre habrá una puerta con candado,
con la llave extraviada)
El aire muerde la espalda, mata,
lloran los ojos,
Perseguida por los demonios
tu sombra tiembla.
¿Qué hacer para alejar los calambres?
¿Hay algo allá afuera?
Respirar duele, cansa.
Afuera ladran los perros, el silencio
carga filosos dientes.
Más que mil demonios,
mil perros buscan mi alma.
La madrugada crece sobre esperanzas.
Mañana será otro día, llegará mañana:
con dos mezcales el mundo cambia,
con tres aclara.
Ponte a caminar.
Para sentirse bien el cuerpo
requiere sentirse de la chingada.
En la madrugada sin salidas
Encuentro que amo sufrir.
No hay comida, no habrá sonrisa
que te devuelva la calma
(sin embargo, la requiero).
El corazón desbocado carga la búsqueda,
el deseo que busca abrir
la maldita puerta
cerrada.



