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sábado, febrero 24, 2024

Las campanas doblan a sepelio en tardes de lluvia

Reportajes

César Rito Salinas

Feliz viaje.

Venta de boletos a todos los destinos.

Agradecemos su preferencia.

¿No olvida usted algo?

Igual esperaba el garrotazo de tu mirada. Ella volteó para allá, yo miré para allá.

Feliz viaje.

Corazón Labios de Tequila afirma: quien parpadea pierde.

La sombra se dibuja en el trasto de las palabras; las letras, las palabras, el espacio vacío de los signos.

– Nunca te lo dije, extraño la línea azul de las hojas en la libreta.

En el trasto el sonido de los dedos que golpean las letras, grito, llanto, canto de los desposeídos, lunáticos ausentes que ruedan y no descansan, nunca descansan, perro viejo, solo, a la vuelta y vuelta tras su larga cola; la sombra y el trasto, las palabras, el trasto de las palabras, todo vuela como en un desierto, el aire, la luz, la sombra todo vuela y no se ata como una canción que canta en la tarde la araña a la abeja, la telaraña.

Las tardes de canciones mientras ella, la araña, se hace invisible para atrapar a la abeja, y al sol, la luz. La misma luz que cae y se oculta tras el monte de las piedras antiguas, ¿Puedo decir Monte Albán?, nunca se deja atar, ni la tarde ni la sombra por la mano lenta que persigue las palabras y se afana en el trasto como perro que sabe la rutina y de pronto la olvida, vuelta y vuelta, intenta, se cansa, crece y olvida como el desierto, la luz, la arena, el viento, el desierto acompañado por algunas detonaciones hechas por arma de fuego.

El viento viste de mil lenguas, dos caras, todas ellas las agita entre el sol y la arena como en una película de viejos guerreros, hay hombres y caballos en la lengua seca del desierto mientras la sombra del hombre que camina, la sombra que nace entre la arena y el tacón torcido de la bota vieja del hombre sin perro; la mano que se afana entre la luz y la negrura, como una pistola.

Tanta luz hace la negrura, rama seca que rueda en el desierto, que anda y rueda y brinca y no está y aparece, desaparece y se oculta bajo la luz sobre la arena y nunca descansa como mil hombres en guerra. Y brinca y brinca y nunca descansa y se agota y se aleja de ella misma, se repudia.

Recuerda. Quetiapina.

En el mercado del puerto las mujeres llevan la pañoleta roja que ata sus cabellos, para llamar con su oculto peinado al viento.

El ojo nunca se cierra y está cargado con equipo fotográfico dispuesto a capturar el instante memorable lo memorable.

– Un diez, pa’ la curación.

En las horas de la madrugada pasan los obreros; regresa el personal de hoteles y restaurantes.

– Pon el diablo.

En la resaca la alegría llega desde el piso, con la diminuta figura de la moneda.

– Pon el diablo.

Los ebrios se reúnen cerca de la tienda de la esquina, llevan treinta, noventa días metidos en el mezcal.

– El diablo.

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