Por Rodrigo Islas Brito
Nunca es un mal momento para hablar sobre arte y Arnoldo Damaso lo sabe. Pintor, dibujante, activista ambiental y hoy funcionario público, el artista nacido en la ciudad de Oaxaca y egresado de la Licenciatura en Artes Plásticas Visuales de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) platica desde ese taller de gráfica propio, en el que con discreción y disciplina ha venido puliendo, experimentando y perfeccionando su técnica tanto en oleo como en grabado.
Entre tintas y estampas se le cuestiona al entrevistado el cómo se combina la política con el arte, ¿realmente se puede hacer algo semejante? ¿son compatibles siquiera? “El arte es una herramienta política, la única y más poderosa, más allá de lo panfletario. Está el contundente ejemplo de los corridos tumbados, donde el arte de la música se usa para implantar antivalores en la sociedad, resultando en un vehículo más que efectivo para la propagación y romantización de la violencia despiadada y extrema. El arte como cualquier arma ideológica puede usarse tanto para el bien como para el mal. He aquí la importancia de ser creadores críticos que señalen nuevos caminos de bienestar, paz y armonía”, asegura el artista.
Se le pregunta entonces si considera a su trazo y pincel como heredero de la escuela oaxaqueña de pintura. Aquella corriente que consideraba a Oaxaca como un árbol de exotismo sin fin. Damaso mira a la mencionada escuela más bien “como una frase de marketing con la que un escritor consagrado validó el boom comercial con el que se consagraron muchos pintores oaxaqueños”.
“Yo vengo después, de la generación que cuestionó esa temática costumbrista y que irrumpió posteriormente. ¿Cuánto ha cambiado esa escuela de pintura oaxaqueña hasta la fecha? Hubo una ruptura en cuanto a la temática, los jóvenes de entonces cuestionaron los nahuales, las tehuanas y la visión de algunas galerías, que veían un mercado prosperó en la exotización de todo lo que sonara a Oaxaca, lo que llevó a un desgaste”, declara Damaso.
Observa que el punto de inflexión definitivo para la plástica oaxaqueña fue el movimiento social del 2006, donde a la par del quiebre económico que las galerías de arte experimentaron, el poder energético de la revuelta popular llevó a que los jóvenes talleres explotaran en una producción a favor del movimiento.
“Casi sin querer aparecieron decenas de talleres que se dieron cuenta que podían ser autogestivos, que no dependían de una oportunidad de pertenecer a una galería para vender sus piezas de arte”, declara Arnoldo Damaso, quien prepara próximas exposiciones. Esta plática sobre arte y compromiso conocerá una segunda parte.



