domingo, junio 14, 2026

“No, mezcal -blanco”

Debes leer

César Rito Salinas

Con el mezcal basta y sobra un gesto.
El mezcalier podrá decir misa, son palabras no importan, importa la descripción que haga de la bebida el que beba el mezcal -a la manera de Baxandall, el crítico de las artes que pedía palabras singulares -únicas- para describir lo mirado.
Pasó ya la moda de la mezcalería, aunque hay gente en la ciudad que repite errores, insiste en vivir de los recuerdos del pasado.
Cada tiempo corre con su forma específica de narrar.
Las horas no son similares, hay diferencias.
Distintos matices, detalles.
Como en el guion de una película.
En los detalles mora lo singular, la belleza del instante.
1.
Llegó el tiempo de narrar historias del pasado reciente -no habrá cambio de periodo si no contamos con el relato del pasado.
Las mezcalerías de la ciudad murieron de muerte natural, por la ambición, las felonías.
La envidia lleva a la gente a cometer sabotaje.
Ir contra los propios intereses será una forma de la desmemoria, insano juicio, locura.
Daré tres escenas del mundo que ya no está.

ESCENA I
En la terraza
La luz de Oaxaca al caer la tarde trae su propia narración.
Tarde de la luz bermeja, cuando los muros de las casas de adobe que levantan las calles de barrio China se visten con ropa de domingo.
La imagen nos religa con cierto orden de la infancia.
En la tarde de luz sosegada se eleva el olor de la tierra recién llovida.
Petricor
No hay lluvia, pero en el corazón de las personas que caminan por 20 de noviembre. Arista, Zaragoza, Díaz Ordaz, cae la lluvia lenta de la infancia.
Tarde mezcalera.
Dos mujeres jóvenes suben a la terraza -trece escalones las separan del sitio de los cuadros y la luz de la tarde oaxaqueña.
Al dar el paso del último escalón la vista topa con una estantería, que contiene el Museo de los Mezcales.
Tras una barra oscura están dispuestas 200, 300 botellas de mezcal.
Tras la estantería se abren dos ventanas de techo a suelo, dejan pasar la luz bermeja que reciben los clientes al ingresar al espacio.
En los muros cuelgan cuadros.
La imagen antecede al gusto, dispone el orden de la memoria.
__Dos mezcales, por favor, tobalá.
Hay silencio porque la primera condición de las mezcalerías era ceder el espacio a los recuerdos de la clientela a partir de los silencios.
Dentro del ojo en silencio se hace la luz.
__De Nueva York, somos gente que trabaja en cocina, propietarias.
Hay gente que viaja para tener experiencias gustativas.
La luz pasa por el ojo del mezcal que, en el bulbo, nos mira con la paciencia de viejo sabio.

Dos
Hay tardes en que la memoria se cae en redundancias, necia.

ESCENA 2
El mezcal tiene la llave que abre o cierra nuestra memoria.
Sin que lleguemos a saberlo, en los aromas anida el origen de la lengua.
_ Cierra los ojos, pondré frente a tu nariz una botella abierta de mezcal coyote. El viejo boxeador se deja conducir, obedece sin chistar a la voz que le lleva el pleito. _ Huele a frutas, a manzanas.
_ ¿Manzanas verdes o rojas? _ Manzanas rojas, como las que llevaba mi madre a casa.
El hombre vivió una vida dura, de golpes.
Pendencias.
Destacó en el peso mini-mosca.
Cuando colgó los guantes se fue a vivir al gringo.
Allá tiene casa, una taller de construcción con el que hace la vida.
Alcanzo a ver sus manos de nudillos poderosos.
¿Cuántos años tendrá este mexicano que abandonó el país?
Tal vez 60.
Luce fuerte, atlético.
_ Cierra los ojos, por favor., ¿qué ves cuando pruebas el mezcal? A mi madre. Dinos qué hace tu madre. _ Enciende el anafre, pone el carbón para calentar el cuarto donde dormimos.
En la escuela primaria, en un municipio del norte de México. el hombre rentó sus puños para alejar a los brabucones.
Rentó sus manos.
Nunca perdió una.
Con los años al hambre lo llevó la necesidad a la ciudad de México.
La ciudad lo llevó a meterse en un gimnasio de boxeo.
Allá lo prepararon para su primer combate oficial.
¿Podrías compartir lo que hace tu madre? Llora.
Y el tipo fuerte, atlético, llora. Se derrumba por los golpes que tira en su memoria la desgracia.

Tres
El lenguaje humano resulta intraducible, está formado por astillas que sostienen las palabras, sus significados.
Como los bares de esquina en las capitales del mundo, la mezcalería era el sitio ideal para ejercitar los sentidos.
En la barra están dispuestos tres bulbos vacíos.
Son de color verde bandera, rojo, azul.
Los recipientes vacíos pacientes esperan -como corceles de antiguas diligencias.

ESCENA 3
Espadín
__ Sabe a estantería de libros, en una biblioteca de Los Ángeles.
La voz del hombre suena, intenta dar forma -sentido- a su percepción gustativa.
El mezcal guarda los sabores de nuestra infancia, que en el cerebro del adulto expresa con la sinestesia.

Madrecuishe
__ Sabe al rojo de los cuadros de Tamayo.
La descripción podría parecer disparatada, pero en el mundo se conoció al atenuado rojo que utilizó el pintor Rufino Tamayo como el rosa mexicano -tinte elaborado con la grana cochinilla que producen ciertas localidades de la mixteca.
El mezcal, más que el tequila (que es una forma limitada de mezcal), guarda nuestra presencia nacional.
Trae el paisaje de los antiguos pueblos mexicanos.
Su cocina.
La sonrisa de sus mujeres.
La mano franca de los hombres de una sola pieza.
El campo árido.
Trae nuestro cine y trae las historias contadas por escritores que nunca hemos leído.

Barril
Hay paisajes que anudan en el alma.
Las tardes con lluvia.
El descubrimiento de la amistad en los años de la escuela primaria.
Imágenes que se olvidan, pero que nunca alcanzamos a borrar de nuestro ser.
_ Tiene la risa de María. _ ¿Puede comentarnos esa percepción suya?
_ Si, antes de entrar a la mezcalería no recordaba a María, mi amiga en el segundo grado de la primaria. Pero el mezcal me despertó el recuerdo de su risa. El mezcal posee la clarividencia. _ Quiere usted decirle algo a maría?
__ Si, que la quiero mucho.

El ser humano es contradictorio. Ante el auge del mezcal vino el crecimiento de las mezcalerías, faltó el relato que retuviera esa experiencia.
No subieron unirse.
Hoy las mezcalerías son el pasado ya perdido.
Por ahí se pueden ver los anuncios de se vende, se traspasa.
La gente se desprende de los sitios donde mora el alma.
En la ciudad ganó el modo gringo, la elaboración de cocteles.
Si en su camino al sut pasa usted por Oaxaca y se topa con una mezcalería, no lo dude.
Entre y solicite una degustación.
Será una experiencia memorable.

El mundo extinto se conserva en la escritura, que guarda la voz de aquello que no tiene traducción, el territorio.

Artículo anteriorSan Martín de los fantasmas
Artículo siguienteDe los oficios y la memoria
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img
Últimas Noticias

Con marcha y foro, la Sección 22 conmemorará dos décadas del levantamiento social de 2006 en Oaxaca

Deimos Sánchez La Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) anunció una jornada de movilizaciones, actividades...
- Advertisement -spot_img

Más artículos como éste

- Advertisement -spot_img