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La ventana efectiva donde inicia el relato

César Rito Salinas
Esto me saco por darle cursos de creación literaria a los universitarios. Puro tiempo perdido que me deja malas ideas sobre cómo refutar en una historia el mito fundacional que nos legaron los grandes autores. ¿Quién decide abrir una historia con una narración donde abres la boca en la ventana?
A ver, diligentes caballeros, tiren la primera piedra. Hablen. O callen. La ventana como principio de toda estructura narrativa.
Para escribir grandes parrafadas es necesario contar con una buena ventana, una que resista las horas de trabajo sentado frente al escritorio. Una ventana que sepa lo bello de transpirar. Y que lo goce.
Bueno, si el autor ya tiene esa ventana bien puede dar muestras de su generosidad al proporcionarle una lengua que lo mime y lo cuide y lo quiera y lo atraviese con una punta roja y encendida como una flecha, la lengua.

A esa hora de la santa cagada en la noche del domingo no recuerdas si tienen partido el espinazo, dos o tres vértebras golpeadas por la mala vida, si tarda en encender el trasto de las palabras o si careces de papel y lápiz para escribir.
Tú escribes porque escribes.
Sólo escribes la historia que te persigue y lucha en tu interior por estar afuera delante de tus semejantes, brincando entre sus manos y sus ojos y zarandeando la cabeza de quien te lee a la hora más inopinada, cuando hace gemir a su mujer o cuando mira la luna llena que entra a chorros por la ventana, como una taza de leche que se te escurre por la mandíbula y se derrama en el pecho mientas bebes

  • El cuento es enemigo de exordios y circunloquios, si -dijo una voz.
  • Acción, vamos a la simple y llana acción que es lo único que vende -si, dijo otra voz.
    Para toda buena historia sólo se requieren dos personajes, ella y él.
  • Ella me dijo –ay, siempre el demonio llega vestido de ella-, ponte en la ventana.
    Uno se las da de muy matador, o de muy corrido ya en las montas de toros salvajes. Pero no.
    Las cortinas pueden juguetear a esa hora con el viento frío de la madrugada. Cuando el hombre voltea y mira a su espalda sólo alcanza a divisar el sable rojo que flamea.
    Cuidado, cariño.
  • Splash.

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