Por: Ellioth Escobar /Columna Incomoda/
Lunes, 22 de junio de 2026
Duro golpe recibió el megaproyecto hídrico de la temporada.
Un juez federal otorgó una suspensión provisional que frena en seco la construcción de la Presa Margarita Maza (también conocida como «Mujer Solteca») en Villa Sola de Vega, Oaxaca.
El amparo, promovido por el Observatorio Ciudadano Comunitario del Agua y Medio Ambiente (OCCAMA) junto a un bloque de artistas locales, desnudó una constante de la casa: la falta de permisos ambientales y la opacidad en la información pública.
Los activistas ambientales fueron contundentes al señalar que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) inició procesos de licitación sin contar con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) aprobada.
El contexto: Los millones del proyecto
Diseñada teóricamente para abastecer de agua potable a la ciudad de Oaxaca y su zona conurbada por los próximos 50 años, esta magna obra hidráulica —ubicada en Rancho Viejo, Villa Sola de Vega— proyecta almacenar cerca de 20 millones de metros cúbicos de agua, sostenidos por una cortina de 72 metros de altura y 214 metros de longitud.
El proyecto (que en administraciones pasadas arrastraba el fantasma del fracasado plan «Paso Ancho») contempla una inversión estimada que oscila entre los $7,775 y los $7,840 millones de pesos.
Esta cifra inicial cubre la presa, la obra de toma, la planta potabilizadora, las redes de interconexión y un acueducto que fue apresuradamente aprobado en junio de 2026 tras polémicas «consultas indígenas» en las comunidades involucradas.
Las declaraciones: ¿Socialización o simulación?
Por un lado, la narrativa oficial.
Jesús Romero López, secretario de Gobierno de Oaxaca, afirmó:
«Ante las inquietudes expresadas por habitantes de distintas localidades, el gobierno estatal ha impulsado una estrategia de socialización mediante reuniones de trabajo, consultas indígenas y asambleas comunitarias con autoridades agrarias, municipales y representantes…»
Por el otro lado, la cruda realidad financiera y ecológica. En conferencia de prensa, Yesica Sánchez Maya, integrante de Consorcio Oaxaca y parte del OCCAMA, advirtió que el megaproyecto arrastra una sombra de opacidad y que su sobrecosto real podría catapultarse hasta los 30 mil millones de pesos, avanzando sin que la ciudadanía cuente con información clara sobre el impacto financiero, hídrico y ambiental. «La presa incumple con la normatividad ambiental y está marcada por la opacidad», sentenció.
Para el OCCAMA —un colectivo civil conformado por 28 organizaciones—, la presa «Mujer Solteca» es una «falsa solución» que pone en riesgo el ecosistema de la Sierra Sur a cambio de una promesa centralista.
¿Y quién ganó la tajada del pastel?
Tras varias licitaciones previas declaradas desiertas, la obra fue adjudicada al consorcio compuesto por GAMI Ingeniería e Instalaciones en participación conjunta con Desarrollo y Construcciones Urbanas.
Ambas firmas pertenecen formalmente a Grupo Indi, cuyo Director Ejecutivo es Manuel Guillermo Muñoz Cano Castro, con domicilio legal en las exclusivas Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México.
El costo de esta etapa adjudicada supera los $2,900 millones de pesos. Mientras la sed está en el sur, las ganancias se facturan en el centro del país.
La hoja de ruta legal: El agua como derecho, no como botín.
El artículo 4° constitucional nos otorga el derecho a la salud y al agua. Sin embargo, para ir más allá de la generalidad, México ha suscrito convenios internacionales que hoy sirven de escudo legal a las comunidades. Para quienes quieran indagar, hacerse preguntas y entender que la precisión técnica también es parte de la resistencia, aquí están los fundamentos:
Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José): Vincula al Estado mexicano a garantizar los derechos esenciales ligados a la vida, la salud y un medio ambiente sano.
Protocolo de San Salvador (Art. 11): Reconoce explícitamente el derecho a vivir en un medio ambiente sano y a contar con servicios públicos básicos, donde el agua potable es el pilar.
CEDAW (Art. 14): Obliga a garantizar que las mujeres rurales gocen de condiciones de vida adecuadas, destacando el acceso al agua como un factor de equidad de género.
Convención sobre los Derechos del Niño (Art. 14): Exige combatir las enfermedades y la desnutrición mediante el suministro de agua potable salubre.
Desigualdad socio-espacial:
Oaxaca se queda sin agua
El colapso hídrico de los valles centrales no es un accidente de la naturaleza; es el resultado de la agresión cotidiana a la Madre Tierra. Los eventos climáticos y la contaminación se conjugan con la especulación inmobiliaria, el saqueo indiscriminado de arena y grava en el lecho del Río Atoyac, y el jugoso negocio de las pipas de agua que prioriza a comercios y hoteles sobre los ciudadanos.
Los pueblos originarios nos enseñan que el agua no es una mercancía: es un ente vivo. Su ciclo rige la ritualidad, la agricultura, la vida comunitaria, la salud y la educación.
Sin embargo, los viejos análisis ideológicos siguen atrapados en la polarización estéril de izquierda contra derecha, poniendo al individuo o al mercado al centro del debate.
Se olvidan de la comunidad, de las personas, de los animales, de los bosques y de los territorios.
La escasez tiene clase social. No es la misma realidad la que se vive en las agencias populares como San Martín Mexicapan, San Juanito o Santa Rosa, que la que se experimenta en las residencias de San Felipe del Agua o en los fraccionamientos amurallados con bardas altas y cámaras de vigilancia.
Urge un «derecho a la ciudad» diseñado desde la justicia distributiva y el respeto a quienes realmente mueven la economía.
De la crítica a la propuesta: El Tequio y la Sanación
La crítica sin propuesta es pura queja. Necesitamos soluciones viables y urgentes que nazcan desde abajo.
La salida no está en presas faraónicas impuestas, sino en la reforestación masiva y en un gran tequio autoconvocado para limpiar, en todos los aspectos, el Río Atoyac.
Es hora de pedirle perdón al río por tantos agravios, permitir que reclame su cauce natural y sane.
Quizás esto no resuelva la crisis por completo de la noche a la mañana, pero servirá para reencontrarnos, para dialogar, e incluso para discutir desde la diversidad de pensamiento.
El ejercicio comunitario es, en el fondo, un proceso de sanación colectiva.
La otra opción es el colapso total, tal como ocurrió hace siglos en Monte Albán cuando el entorno ya no pudo sostener la demanda de la vida humana.
El problema sigue avanzando en reversa. Los colonos protestan, las escuelas y clínicas se quedan sin el líquido, y la paciencia social finalmente se agota ante una burocracia valemadrista, experta en negocios infinitos pero ciega ante la pérdida de nuestros recursos no renovables.
En fin… así estamos por estos días, iniciando la semana.



