Arq. Minerva Reyes |
Resumen
Este ensayo analiza el proceso de urbanización de la ciudad de Oaxaca durante el Porfiriato, periodo en el que se introdujeron sistemas de drenaje, enbanquetado, tranvías de mulas, coches de caballos y nuevas prácticas culturales como la ópera italiana. Se examina cómo estas transformaciones se inscribieron en un proyecto de modernización selectiva que buscaba integrar a Oaxaca en la narrativa nacional del progreso, sin alterar profundamente su traza colonial. Se compara este proceso con el desarrollo urbano contemporáneo, caracterizado por la tensión entre patrimonialización turística y desigualdad territorial. Finalmente, se propone una imagen conceptual de la ciudad a lo largo de tres siglos como un palimpsesto urbano.
I. Introducción: modernidad y continuidad en una ciudad histórica
La ciudad de Oaxaca, fundada en el siglo XVI y consolidada como centro administrativo y comercial regional, mantuvo durante gran parte del siglo XIX una estructura urbana estable, con una traza colonial que resistió cambios profundos incluso cuando otras ciudades mexicanas experimentaban expansiones aceleradas. Investigaciones recientes confirman que, a diferencia de la Ciudad de México o Puebla, Oaxaca conservó su morfología tradicional hasta finales del siglo XIX.
Sin embargo, el ascenso de Porfirio Díaz al poder nacional (1876–1911) introdujo un nuevo horizonte de modernización. La ciudad natal del presidente se convirtió en laboratorio de obras públicas, ornamentos arquitectónicos y prácticas culturales que buscaban proyectar una imagen de progreso acorde con el ideario porfiriano.
II. Infraestructura y ordenamiento urbano: drenaje, banquetas y movilidad
1. El sistema de drenaje y la modernización higienista
La instalación de sistemas de drenaje en Oaxaca durante el Porfiriato respondió a la lógica higienista que dominaba la política urbana nacional, donde se integraron quioscos y jardines públicos. El drenaje subterráneo sustituyó las zanjas abiertas y permitió regular el flujo de aguas pluviales y residuales, integrando a la ciudad en los estándares de salubridad que se promovían desde el centro del país.
Aunque la documentación específica sobre cada obra es fragmentaria, los estudios urbanos coinciden en que estas intervenciones fueron parte de un programa más amplio de “orden y progreso” que buscaba disciplinar el espacio público y mejorar la circulación.
2. El enbanquetado y la formalización del tránsito peatonal
La construcción de banquetas de piedra marcó un cambio significativo en la experiencia urbana. Las banquetas no solo ordenaron la circulación, sino que introdujeron una separación simbólica entre peatones y vehículos, alineada con las prácticas urbanas europeas que el Porfiriato admiraba.
Este proceso reforzó la geometría de la traza colonial, pero la dotó de un carácter más “moderno”, más cercano a la estética urbana de las capitales latinoamericanas del periodo.
3. Movilidad moderna: tranvía de mulas y coches de caballos
El tranvía de mulas, introducido en varias ciudades mexicanas en la segunda mitad del siglo XIX, llegó a Oaxaca como símbolo de modernidad tecnológica. Su presencia articuló nuevas rutas de movilidad y conectó zonas de la ciudad que antes dependían exclusivamente del tránsito a pie o en bestias de carga.
Los coches de caballos que salían del Jardín San Pablo funcionaban como transporte y como espectáculo social. Eran parte de la vida pública de las élites oaxaqueñas, que adoptaban prácticas cosmopolitas en consonancia con la cultura porfiriana.
III. Arquitectura y cultura urbana: balcones, ornamentos y ópera italiana
1. Arquitectura porfiriana y crecimiento de balcones
La arquitectura porfiriana en Oaxaca se caracterizó por la incorporación de elementos neoclásicos y afrancesados, visibles en balcones de hierro forjado, cornisas ornamentadas y fachadas simétricas. La tesis de Lira Vásquez documenta cómo estos elementos se integraron a la arquitectura local sin borrar completamente la tradición constructiva regional.
Los balcones crecieron en número y en protagonismo, convirtiéndose en dispositivos de sociabilidad y en símbolos de estatus.
2. La ópera italiana y la vida cultural cosmopolita
La presencia de compañías de ópera italiana en Oaxaca durante el Porfiriato evidencia la intención de insertar a la ciudad en circuitos culturales internacionales. Este fenómeno, registrado en diversas ciudades del país, reforzaba la imagen de modernidad y sofisticación que el régimen buscaba proyectar.
La ópera funcionó como espectáculo y como afirmación simbólica: Oaxaca podía ser escenario de expresiones artísticas globales.
IV. Expansión urbana: la colonia Díaz Ordaz y los límites de la modernización
A pesar de estas transformaciones, Oaxaca no experimentó una expansión urbana acelerada durante el Porfiriato. La ciudad mantuvo su traza colonial hasta finales del siglo XIX, cuando se fundó la colonia Díaz Ordaz (1898), considerada la primera colonia moderna de la ciudad.
Este proyecto, impulsado por el ayuntamiento y por Francisco Vasconcelos, buscaba convertir terrenos agrícolas en suelo urbano, siguiendo modelos de expansión presentes en otras ciudades mexicanas. Su creación marca el inicio de la transición hacia una ciudad más amplia y diversificada, aunque el proceso sería lento y desigual.
V. Comparativo con el presente: patrimonialización, turismo y desigualdad territorial
En el siglo XXI, Oaxaca vive una tensión entre la conservación patrimonial del centro histórico, donde sobreviven balcones porfirianos, banquetas de cantera y trazas coloniales; la presión turística, que convierte la ciudad en vitrina cultural y gastronómica; la desigualdad territorial, donde los 570 municipios y 12 mil localidades del estado enfrentan carencias estructurales en infraestructura, movilidad y servicios básicos.
La modernización porfiriana fue selectiva y concentrada en el centro urbano; la modernización contemporánea reproduce esa lógica, privilegiando zonas turísticas mientras las periferias y comunidades continúan en abandono.
VI. Imagen conceptual: Oaxaca como palimpsesto urbano de tres siglos
Para comprender la ciudad en su totalidad, propongo una imagen conceptual:
Oaxaca es un palimpsesto urbano. En el siglo XIX, se escribe la capa del progreso porfiriano: drenaje, banquetas, tranvías, balcones, ópera. En el siglo XX, se añaden las capas de expansión lenta, migración interna y crecimiento desigual. En el siglo XXI, se superpone la capa turística, patrimonial y globalizada, que convive con la persistencia de territorios indígenas y rurales.
La ciudad actual es la suma de estas capas, un cuerpo histórico que se levanta sobre sí mismo, sin borrar del todo sus huellas anteriores.
Conclusiones
El Porfiriato introdujo en Oaxaca un conjunto de transformaciones urbanas que buscaban integrar a la ciudad en la narrativa nacional del progreso. Aunque la traza colonial se mantuvo casi intacta, la infraestructura, la arquitectura y la vida cultural se modernizaron selectivamente. Estos cambios sentaron las bases de una ciudad que hoy se debate entre la conservación patrimonial, la presión turística y la desigualdad territorial.
Comprender la urbanización porfiriana permite entender el presente: la ciudad sigue siendo escenario de tensiones entre modernidad y tradición, entre espectáculo y territorio, entre centro y periferia.





