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La protesta

César Rito Salinas

Para Minerva Reyes

Tarde de julio, a manera de protesta levanto esta imagen.
Al gato Catrín le va algo mal en esta vida, a tierna edad sufrió rechazo de su madre; al crecer, la rueda de un camión le partió la espalda.
Tiene el pelaje negro, carece de suerte con los vecinos; lleva la vida apartado, todo lo hace tímido y huraño.
Como si en algún momento del día tuviera que pasar bajo la escalera.
Como si al asomarse temprano por la ventana lo primero que se cruzara con su mirada fuera el gato negro de la mala suerte; pero, entiendo, que no es el único al que le va mal en esta vida.
Uno
Escribo, pinto (a veces escucho música cuando realizo uno de estas actividades). En el trasto de las palabras suenan las letras (sueñan).

Dos
Escribo.
El árbol en el baldío de la ciudad visto desde lejos tiene la forma de un barco que atraviesa el océano; su tripulación polvorienta, andrajosa.
El espectáculo lo forma el indigente entre las ramas del pino salado, identidad y masa. Lo endémico de la tierra. En los desiertos el pino salado se niega a morir, inmune al fuego. En las ramas sostiene a mujeres y hombres sin familia. ¿Quién será el dueño de lo abandonado? Lo ignoro. ¿Qué angustia sufre un hombre que sólo cuenta con una rama de pino salado para protegerse de todo mal que le cae encima en esta vida?
Tres
Pinto.
El amor sigue la extraña cartografía de los baldíos.
Los indigentes cuelgan de las ramas del pino, como las páginas húmedas del diario puestas a secar en las ramas.
El pino salado sabe de la contundencia en difusión de la pobreza, el entorno singular del olvido forma la geografía de los enamorados (que buscan el perdón de sus mayores).
La basura que arrojas en la calle llega a las ramas del pino salado.
La lengua de fuego que arde entre las hojas del pino salado hace que surjan los demonios del fondo de la tierra.

Cuatro
En la frontera es cool tomar fotos a los indigentes, aplaca la conciencia social, te convierte en justiciero hecho a la medida de la mirada de todos.
Del árbol salado descendió el hombre.
¿El indigente como el primer Adán?
Las ramas del pino salado purifican el aire del desierto, le restan velocidades tóxicas al aire caliente, la arena que se impregna en tus labios. En la ciudad el lote baldío ocupa este sitio de nadie. El lugar de encuentro de la ternura, el amor perseguido.

Cinco
Pasan los días, ¿quién puede resistir el tiempo de la pasión? El zapato olvidado en la arena habla del futuro en el baldío. Alguien llegará, tomará asiento bajo la rama ñenga, soltará suspiros.
En la bitácora de la voracidad inmobiliaria descasa el sueño del lote baldío (las ramas del pino salado resguardan el altar, la virgen, las velas).

Seis
Uno quisiera evaporarse.
La evaporación tomada acá como traslación hasta alcanzar la otra materia.
Pongo por caso el mes de julio en las calles de la ciudad de Oaxaca. 16:00.
Sin concluir la jornada, con una percepción del calor sobre los 48 grados a la sombra, uno quisiera evaporarse.
Los cabellos pesan, las mangas de la camisa, los ojos, la mirada.
Las voces.

Siete
A veces, con el calor, pinto y escribo.
Escucho música.

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