sábado, julio 18, 2026

Tita, amor feral: una historia sobre una coyotita con significado universal

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Por Rodrigo Islas Brito 

Aidee Camacho y Fausto Luna realizaron en el 2023 el cortometraje documental “Tita, amor feral”, que cubre la vida y obra de cierta coyotita que llegó a poner de cabeza la bucólica y soterrada ensoñación del pueblo de San Agustín, Etla. “Varios la empezamos a proteger en lo que resolvían las autoridades el asunto”, acota la fotógrafa respecto a los motivos que la llevaron a considerar al extraviado animalito como un asunto de prioridad personal. 

“Había quienes la querían sacrificar. Hacer el corto fue un intento de alzar la voz por ella y sensibilizar más a la población sobre sus absurdas ansias de sacrificio animal”, señala el correalizador y performancero existencial, Fausto Luna.

Él y Camacho acotan que no existe una versión exacta sobre cómo llegó Tita a un pueblo de gente que solo quiere vivir en paz, a costa de lo que sea. Decían que la habían traído de la sierra Mixe, que había estado viviendo en casa de un gringo genérico que nunca apareció. 

Otra versión aseguraba que alguien la llevó a vivir a su terreno y la dejaba amarrada por semanas protegida tan solo por una lámina cuyo efecto invernadero la hacía sufrir aún más. ¿La soltaron? ¿se soltó? la certeza es que la pequeña coyotita empezó a deambular por los alrededores del pueblo dando furtiva cuenta de una que otra gallinita. 

“Se empezó a juntar con los perros del pueblo. Los mismos vecinos la confundían con uno. Como estaba cachorrita la gente la veía chiquita, la metía a su patío, la cuidaba y le daba de comer. Ya cuando creció la gente se empezó a asustar, la dejaron de alimentar y entonces ella empezó a buscar su comida”, recuerda Fausto Luna, también profesor universitario. Apunta que como los coyotes no ladran, el desconocimiento sobre sus costumbres llevó a que la coyotita terminara por morder ligeramente a una señora. “No fue una mordida para atacarla, ni siquiera le hinco los dientes”, justifica Camacho. 

Luna cita que el comisariado ejidal del pueblo eteco gestionó con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) el intentar capturar a la mamífera, pero ya fuere por una mala estrategia o por falta de recursos, fallaron en sus intentos.

“No la pudieron capturar y solo hicieron que se volviera más arisca”, puntualiza la fotógrafa. Camacho y Luna se empezaron entonces a vincular con biólogos para saber cuál era la mejor manera de solucionar la problemática del silvestre animal. “Si se le atrapaba y llevaba a una zona de Oaxaca donde existieran otros coyotes existía la fuerte posibilidad de que las manadas de coyotes no la recibieran bien e incluso de que la atacaran hasta matarla. También estaba el riesgo de que hubiera una cópula con su manada de perro y una consecuente hibridación perro-coyote”, declara Fausto Luna. Riesgo que finalmente sucedió.

La coyotita dio a luz seis crías, situación que finalmente condujo a su captura cuando el famélico animal se metió a pedir comida para ella y sus retoños a una de las casas donde antes la dejaban entrar. La persona que estaba adentro, que era diabética, se asustó tanto que llamó a toda su familia para que llegaran a hacerle el paro. 

¿Resultado? La coyotita fue acorralada, atrapada y llevada a una unidad de manejo ambiental que supuestamente se encuentra ubicada en la población de Unión Zapata, llamada el Fuerte, zona de reserva donde ayudan a todo tipo de animales que llegan a los pueblos y acaban lastimados. Lugar donde los apoyan, los curan y los regresan a su hábitat.

Después de esto las autoridades le dieron indicaciones a los pobladores de que no averiguaran más sobre el destino de la coyotita, ni continuaran preguntando que había sido de ella. Aidee y Fausto no hicieron caso, triangulando información lograron averiguar que, debido al estrés de su persecución y su cúpula con otra especie, la coyotita desarrolló una enfermedad que llevó a que sus cachorros fallecieran o les fuera aplicada la eutanasia. Resultando en que hoy no exista una verdadera certeza sobre el destino actual del simbólico animal. 

Para los realizadores de “Tita, amor feral”, el caso de la coyotita da cuenta de que hoy para los animales silvestres no existen garantías de transitar por esos caminos, praderas o llanos que por naturaleza les pertenecen, lo cual no les permite sobrevivir a los márgenes en los que la asustadiza sociedad ha decidido que existan. “La ley de fauna silvestre dicta que quien tenga un coyote en su casa es motivo de multa o hasta de cárcel. Esa fue la razón por la que la coyotita no podía estar en ningún lado, ni que tampoco pudiera quedarse en las casas de la gente que quería protegerla. Lo de ella era seguir deambulando por todo aquello que ella consideraba que era su territorio, y que al final si lo era”, expone Fausto Luna. A lo que Aidee Camacho recuerda lo tierno que era ver a la coyotita intentando entonar la sonoridad de un ladrido, en su búsqueda de encontrar su identidad con perruna manada. 

El proyecto de “Tita, amor feral” fue seleccionado por Foto septiembre, evento anual organizado por el Centro de la Imagen para celebrar la fotografía en México. Razón por la que el corto se presentará a partir del catorce de agosto en la Casa Corazón, de San Agustín, Etla, acompañada por una exposición fotográfica sobre una coyotita que vino dejar claro que un amor feral es también el cariño universal.

INSTAGRAM

Tita: @tita_la_coyotita

Aidee: @aideejem_foto

Fausto: @fausto.lunares

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