sábado, julio 18, 2026

Carretera Federal 175, Camino a Miahuatlán

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Arquitecta Minerva Reyes Aguilar

La carretera que conduce a la Sierra Sur no solo avanza, relata. 

La tierra parece contar, con cada curva, su historia. Y esa historia se despliega a lo largo de un trayecto donde el paisaje funciona como archivo.

Los montes se suceden en capas verdes y silenciosas. 

Entre ellos emergen comunidades pequeñas, casi ocultas, donde las casas de barro y teja resisten al tiempo con la misma discreción con la que fueron levantadas. 

Son pueblos donde la vida ocurre sin estridencias, sostenida por rutinas que parecen heredadas más que aprendidas.

En estas comunidades, las mujeres son el eje cotidiano. 

Antes del amanecer ya caminan con leña, agua o hijos al hombro. En sus manos se conserva el maíz, el fuego y la palabra; en su andar se sostiene la permanencia de un territorio que aprendió a sobrevivir sin hacer ruido. 

Su trabajo, silencioso pero decisivo, mantiene en pie a familias y pueblos enteros.

Los niños corren entre cerros que guardan nombres antiguos. 

Las niñas aprenden el ritmo de la tierra como quien aprende un idioma que no se escribe. Aquí el futuro se cultiva.

Pero el paisaje también guarda memoria de guerra. En 1866, Miahuatlán fue escenario de una victoria clave contra las tropas francesas. Los pueblos serranos no fueron espectadores: caminaron, cargaron, resistieron. La sierra fue trinchera y refugio, y su gente, parte activa de la defensa del territorio.

Hoy, el silencio vuelve a caminar por las calles, pero no es olvido. Es un silencio que resguarda.

En el mercado, en las casas y en los saludos cotidianos, el zapoteco del valle sigue latiendo. Nombrar en zapoteco es afirmar presencia, decirle al cerro y al viento que la raíz permanece.

Y entonces, tras kilómetros de curvas y memoria, aparece Miahuatlán. No irrumpe: se revela. Crece entre montes como un punto de encuentro donde confluyen historias serranas y proyectos modernizadores. 

Su expansión parece inevitable, no por ambición, sino por la fuerza acumulada de su propio territorio.

Miahuatlán está destinado a ser un centro urbano importante de Oaxaca. 

Hoy su crecimiento puede convertirse en ejemplo de desarrollo con objetivos sostenibles: infraestructuras resilientes, funcionales y dignas, acceso al agua, movilidad responsable, educación, salud y oportunidades económicas que respeten los recursos naturales y fortalezcan a las comunidades. 

Porque hay ciudades que no se construyen solo con calles y edificios, sino con memoria, lengua y mujeres que sostienen la vida.

Cuando uno mira estas comunidades esparcidas por el lomerío que acompaña a la carretera 175, siente que hasta acá no llegan los canallas.

Al final del trayecto, uno entiende que el camino hacia Miahuatlán no termina al llegar. 

Se queda en quien lo recorre, como un pensamiento.

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